¿Herencia Mandaloriana o (R)ompiendo estereotipos?

Desde la dinámica que seguimos en Twitter, en esta experiencia TRICLab, surgió un debate que partía de esta pregunta: “¿somos realmente unos clones?” Es más: “¿Estamos sujetos a los que nos dictan unos imperios del todo?” ¿Nuestra vida es una fila de calcetines perfectamente alineados, con ventanas cerradas?

Sugerente el vídeo de Star Wars, una sola imagen y música, para encaminarnos desde la herencia mandaloriana y hacernos creer en la frase de Jango: “ Harán bien su trabajo se lo garantizo”, encorsetados en sus flamantes armaduras blancas, diferenciados sólo por pequeñas rayas de colores dependiendo de su rango, soldados sin rostro, sin otra opción que servir, soldados sin mente, sin pensamientos, sin reflexión sobre su propia vida: CLONES de un universo ficticio de Star Wars. Pero ¿estamos lejos de estar viviendo esta realidad o nos asemejamos más de lo que creemos?

Las pantallas están provocando en todas las generaciones un ansia clonírica= clon+onírica, que agota toda crítica; aún es más grave en la niñez  y la adolescencia donde “ser como…” alguien famoso, rico  y guapo, pero sobre todo, rico y que no haga nada, es la máxima aspiración. A veces, esa aspiración, se basa sólo en ser alguien que haga reír a los amigos o compañeros de aula o de trabajo y ser el centro de atención…egocentrismo supremo: el DIOS-YO…

“…mientras en las aulas vean cogotes de los compis y oigan ecos del profe. Clon, clon”. Y mientras los adultos sigamos ignorando esta realidad…

Pero pensemos, qué hacer frente a esta realidad clonírica: (R)omper los estereotipos desde la educomunicación y la (R)epresentación en los medios.

Ser persona, con todo el significado de la palabra en este tipo de sociedad globalizada, con un drástico cambio en los últimos años tanto a nivel económico como social, debido a la tan manida crisis, ha supuesto la caída de todo un andamiaje de certezas, basadas en la bonanza reinante, que nos ha abierto a la incertidumbre, a un mundo líquido, que diría Baumann, al hedonismo, la banalidad y el consumismo, el inmediatismo e individualismo y a la falta de motivación, que como en un caleidoscopio, nos muestra sin embargo, la solidaridad, el compañerismo y el compromiso.

La educomunicación nos abre una puerta a “aprender a navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certezas” que diría Edgar Morin. Para ello, necesitamos informarnos  y des-informarnos de forma crítica, reconvertir todo lo que aparece en las pantallas en una gran enciclopedia de la que se puede y se debe aprender, tanto de lo negativo como de lo positivo; evitar los estereotipos, enriqueciéndonos con una visión amplia del mundo en general; en definitiva generando un conocimiento cada vez más objetivo, tomando la distancia justa de la propia realidad, en una continua construcción y reconstrucción del pensamiento crítico.

Pero todo ello desde las R de relación:

  • Educar en la convivencia, rompiendo ideas preconcebidas que poseemos sobre alguien o algo, muchas veces adquiridos desde las pantallas;
  • educar en la apropiación de la cultura y de la historia: hemos de sentirnos responsables de crear cultura, de imaginar, de intuir, sólo así seremos protagonistas de nuestra propia experiencia y en el contexto en el que vivimos;
  • “ realizar, en la práctica pedagógica, el análisis del sistema masivo de medios de comunicación, favoreciendo —con metodologías adecuadas— una educación para el consumo y para la convivencia activa y autónoma con la producción cultural de estos medios” como nos sugiere Ismar de Oliveira;
  • educar en la incertidumbre y  aprender y enseñar a preguntar de manera constante al otro, al mundo, para saber responder a los problemas cotidianos y desmitificar las certezas que nos ofrecen las pantallas;
  • educar desde la significación, que la persona aprenda a producir significados, formando personas autónomas y críticas que se enfrenten a la manipulación de las pantallas;
  •  y por fin, educar para disfrutar de la vida, porque le hemos dado un significado desde la interacción con otras personas, con el mundo a través de las mismas pantallas, en un proceso de información compartida y de generación de conocimiento colaborativo, en una acción intercreativa, intermetodológica.

Los maestros nos hablan de la educomunicación:

Y todo ello, como decía Cristina: (R)omper los estereotipos desde la educomunicación y la (R)epresentación en los medios. Para poder quitarnos ese traje blanco, impecable, impoluto de los clones…

Reflexiones de Twitter, a las que os invitamos a participar: #TRICLab

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1 Comments

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