Comunicar para educar, emocionar para aprender (2)


Publicidad y educación mantienen una tensa relación. Los educadores que quieren educar, miran a los publicistas con recelo, aunque son conscientes de que utilizan estrategias de comunicación eficaces, que consiguen atrapar y mantener la atención de sus públicos. Hemos comentado en el post anterior que “Los publicistas no son vendedores,  pero los docentes pueden ser publicistas” ¿Qué pasaría si los docentes no confundieran a los publicistas con los vendedores? Plantean Ferrés y Masanet en su investigación.

La definición de vendedor que contiene la Real Academia Española dice que  “es quien ofrece géneros y mercancías para quien los quiere comprar.” La Wikipedia señala que “es aquella persona que tiene encomendada la venta o comercialización de productos o servicios de una compañía”.

Por consiguiente, el vendedor satisface una demanda, el publicista la crea, la genera. Por tanto,  el vendedor se puede quejar de la falta de interés de sus clientes, o de la mala calidad de su producto. Pero el publicista no, porque es responsable de crearlo, señalan los autores de este estudio.

Deduce Ferrés que “cuando las quejas docentes se centran en la desmotivación y la falta de interés de los alumnos, de un modo inconsciente, los educadores actúan como vendedores”.

Una escuela desconectada es una escuela fracasada.

No se trata de repetir la histórica ley del péndulo. Antes primaba lo racional, ahora lo emocional, antes el trabajo y el esfuerzo individual, ahora el colectivo. No se trata de oponer esfuerzo y trabajo a placer, emoción a razón, individuo a grupo. Dicho de otro modo, o aprendemos desde y con las emociones sociales o no aprendemos. Por eso hablamos de un aprendizaje en red Hemos abandonado el universo de los contenidos, para explorar el entorno relacional, descentrado y ubicuo, donde las dimensiones espacio-temporales son ya transversales, inciertas, mutantes y permeables.

TRICLab describe en su manifiesto los principios que deberían regir el modelo de construcción en red, en el que destacamos estos 5 indicadores:

  1. Humanismo digital. Que describe el tránsito de la tecnología como fin y la tecnología como medio o herramienta, a la mediación tecnológica como entorno que permite recuperar los valores humanistas.
  2. Factor Relacional. Que comprende su dimensión social, conecta individuos que desde sus particularidades y diferencias cristalizan proyectos. Y en su dimensión sináptica, que sigue el modelo de nuestro maestro, el propio cerebro, para desarrollar un aprendizaje, una comunicación y un conocimiento en el conectivismo.
  3. Intermetodología. No se pueden aplicar viejas metodologías a nuevos contextos información y conocimiento. Es preciso plantear, desarrollar e implementar metodologías activas que comprendan diferentes áreas y sectores, que funcionen como un bucle envolvente que conduce a la creación de un prototipo o artefacto que mejora el aprendizaje.
  4. Inteligencia colectiva. El aprendizaje colaborativo supedita la autoría a la coautoría. Como señalamos,  estamos en un entorno complejo, incierto. Complejidad e incertidumbre que  precisan de una inteligencia colectiva que facilite la apropiación , que suscite un debate permanente, que posibilite espacios de creación y producción colectivos, que genere comunidades colaborativas de aprendizaje, pensamiento abierto.
  5. Habilidades para la vida (HpV). Si hablamos de competencias digitales y competencias mediáticas recogemos un necesario binomio formado por la motivación y el esfuerzo. No priorizamos las destrezas, ni tampoco los resultados, sino los procesos. Entendemos el ser humano en un sentido integrado y holístico en que sus dimensiones cognitivas, emocionales y sociales facilitan la conciliación del sujeto con su propia identidad y su entorno. Control del estrés, desarrollo emocional, resolución de conflictos, asertividad, autoestima, son algunos de los aspectos que abarcan las habilidades para la vida.

Ilustración by Marta Gabelas Muruzábal

 

Es interesante la conexión que establece Ferrés entre Damasio con su EEC (Estímulo Emocionalmente Competente), entendido como idea, objeto, evento o valor, cuya presencia provoca en el sujeto una respuesta emocional. Se abre una puerta para la empatía y la sintonía emocional, en la que el educador que comunica provoca esta respuesta. Este EEC lo provoca un reality show en su cotilleo, una serie en la identificación con sus personajes y conflictos, un videojuego en su simulación.

Freinet organizaba sus clases con asambleas entre sus alumnos,  desarrolló programas de innovación alrededor de la imprenta y la creación de revistas escolares, cuando nadie lo hacía. Supo estimular la pasión de sus alumnos. Este pedagogo francés proponía que “cada educador fuera capaz de sacar de cada alumno aquello que tenía”. Todos sus alumnos fueron el primero en algo. Estableció algunas bases de la escuela colaborativa cuando nadie llegó a pensarlo.

“Nadie educa a nadie —nadie se educa a sí mismo—, los hombres se educan entre sí con la mediación del mundo.”

Freire nos recuerda esta paradoja que nos invita a explorar el laberinto de la educación que comunica porque diseña estrategias en las que la emoción mueve la razón y por tanto el aprendizaje.

 

José Antonio Gabelas Barroso

Coordinador, fundador e ideólogo de la plataforma TRICLab. Socio fundador del GICID. Profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Zaragoza. Doctor en Ciencias de la Información. Director de la colección Comunicación y Medios (1998-2006). Editor desde 2007 del blog “Habitaciones de Cristal”.

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