Tecno-utopías y encrucijadas


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Descubrir un territorio es una exploración, hay que andar sus caminos, valles y barrancos. Es sentir su aire y su tierra. Es pensar en el trazado de posibles rutas. Las escenografías de postal no satisfacen al viajero. Así como  las tecno-utopías no expresan lo que ocurre en la Red, tampoco sus claroscuros y contradicciones. Desmontemos algunos espejismos.

Hace quince meses escribí las paradojas de la tecno-utopía,  un post muy bien acogido en las redes por nuestros lectores. Por este motivo amplío y destaco algunos aspectos, y también añado otros en el ejercicio de escritura abierta, colectiva y actualizada que es escribir en la Red.

En posverdad y alfabetizaciones múltiples indicamos que la historia de la desinformación es muy anterior a las redes sociales y las grandes plataformas digitales. La irrupción digital y la expansión de las redes sociales alimentan el exceso de información y por tanto su filtrado y valoración de las fuentes.  Ya en la Antigüedad, los pasquines fueron el medio habitual para difundir noticias ingratas, mayormente falsas sobre personajes públicos. Después sustituidos por un popular género el del “canard” o gacetilla repleta de bulos y falsedades.

Luego aparecieron los “hombres del párrafo.” Se enteraban de los chismes y cotilleos en los cafés (redes sociales del momento), los escribían en unas líneas en un papel, y los dejaban en un banco para que los descubrieran otros, o los llevaban a los impresores que eran también editores para que los metieran en el primer hueco que tuvieran disponible.

La directora de The Guardian, Katharine Viner, en  un destacado artículo de The Guardian “Cómo la tecnología interrumpe la verdad ” saca a colación el término post-truth politics. Aunque la mentira siempre existió y mueve el mundo, lo nuevo es  que se ha naturalizado. No existe asombro ante la falsedad y se acepta como algo cotidiano.

La fragmentación continua que transita en las redes sociales produce una perversa y continua descontextualización de la información.

La exploración de las relaciones entre la representaciones de los hechos y nuestra percepción de la realidad (es), permite observar como la mediación tecnológica produce una encrucijada de contradicciones. La navegación por las frecuentes aguas turbulentas de la Red, necesita un hilo de Ariadna, que facilite la navegación. Desde una hoja de ruta y con una precisa planificación en la que tenga un importante lugar, la dieta digital.

Del mismo modo que la tecnología siempre es ideología, también es entorno. Es decir, mucho más que herramienta o instrumento. Prótesis incrustada en nuestro cuerpo (materia), que dimensiona el potencial comunicativo del entorno y de la mediación tecnológica, y que no construye conocimiento, más allá de un puñado de datos.

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El discurso distópico, sembrado por las grandes referencias 1984 y un Mundo Feliz, está muy presente en sagas como Saga Delirium, Despierta o Black Mirror. O películas como Inteligencia Artificial, Blade Runner, Mad Max, Gatacca o Matrix. O los relatos entre los que crecimos Philip. K. DickAsimov, Clark, BradburyH.G. Wells, evidencian una preocupación, y precisa una reflexión, la búsqueda de un “nuevo” humanismo (¿digital?)

3 contradicciones

No están todas las que son, destacamos estas tres por su relevancia y su actualidad.

1. El acceso a la información.

Nunca hubo tanto información, ni nunca estuvo controlada por menos manos. ¿Quién no ha tenido la experiencia de hacer una búsqueda en la red perdiendo el tiempo para encontrar solo basura? Y no se trata solo de “saber buscar”, es un problema de exceso. Castells ya hizo la célebre división entre ciudadanos desinformados (saturados de imágenes), sobreinformados (desbordados en la abundancia), e informados (lo menos). Aquellos que gestionan su atención y su tiempo, y tienen competencias informacionales.

De modo reciente Gabriela Bustelo ha escrito una columna en Voz Populi  “que no es casual que los antaño llamados “medios de información” se llamen hoy “medios de comunicación”. Y referencia a Revel en su célebre “Conocimiento inútil” para señalar, que información y comunicación son términos opuestos. Precisa este autor que “la impotencia de la información para iluminar la acción, y también la convicción, sería una desgracia banal si no fuera consecuencia más que de la censura, de la hipocresía y de la mentira.” Sobre la mentira ya tenemos larga y reciente experiencia tras con la tristemente célebre #posverdad.

2. El sesgo de los algoritmos.

Dicho rápido y fácil, describimos los algoritmos como un software con un conjunto de instrucciones para realizar una tarea. Manovich entiende un medio como “un todo integrado en el que una estructura de datos con unos algoritmos permiten la creación, edición y visualización de los contenidos almacenados.” De los algortimos depende que se estructuren los datos de una manera o de otra. Si quieres hacerte un seguro médico, las compañías disponen de unos patrones que “retratan” tu perfil según el algortimo que se ha aplicado a tus datos personales (edad, sexualidad, hábitat, posibles enfermedades, alergias, nivel económico…).

¿Qué puede ocurrir cuando estas instrucciones no están bien dictadas? Se puede deber a que los datos no están bien recogidos o están mal procesados. Algunos ejemplos en Incluso pueden conducir a descripciones sexistas Aunque la pregunta pertinente es quién y cómo se dictan los algoritmos.

3. Las oligarquías participativas.

Es fácil caer en la fascinación tecno-utópica y los mitos de Internet como comunicación abierta y libre, un ágora para la participación ciudadana. Pero la realidad es que mucha y valiosa información está encriptada para los que la pueden y quieren pagar, el control de los canales de distribución y sus contenidos es notable, la privacidad muy vulnerable y el exceso de información como hemos indicado, son algunos de los tóxicos existentes en la Red. Porque el mayor volumen de la información que circula lo hace en código cerrado, lo que permite el control y la vigilancia de las grandes compañías, e impide el relato  colectivo, y porque impone una cánones mercantilistas.

Ugarte, describe el “el efecto red y los límites de la participación” y  habla de oligarquías participativas, “producto inevitable y necesario de la conjunción de efectos de la lógica 2.0. El efecto red hace que cuantos más miembros tenga la red de usuarios, más valor tenga para un no miembro pertenecer a ella, y por otro lado menos aporte al valor de la red si se suma a ella”

Si el discurso distópico se contrae y expande en estructuras binómicas (totalitalismos/democracias, soledad/compañía, salud/enfermedad, opulencia/miseria; razón/pasión, individuo-masa, privacidad-seguridad); nosotros trazamos el siguiente recorrido, en 6 bucles inspirados en “Tejedores de palabras. Hacedores de sueños,” N. Postman. Un bucle que precisa un contexto cultural para entender que la tecnología es más que instrumento.

  • Todo cambio tecnológico es un contrato. Adquirimos un nuevo servicio o producto con su beneficio y su desventaja o limitación. El GPS sustituyó al mapa y a la brújula, es más rápido y cómodo, pero reduce habilidades y destrezas como el sentido de la orientación y la memoria.
  • La brecha digital existe y se expande. Lo que significa que las ventajas y desventajas de la apropiación tecnológica no se distribuye equitativamente por toda la población.
  • La nueva tecnología están acompañada de poderosas ideas que obligan a las personas a utilizar su mente, sus emociones y su cuerpos en la interpretación del mundo. Por ejemplo, la posesión y uso de un dispositivo móvil, garantiza la ubicuidad y la intensidad de las relaciones, en detrimento de la experiencia sensorial y la cercanía presencial.
  • Toda nueva tecnología no “rompe” con la anterior, ni tampoco es solo “sumativa”, limitándose a añadir algo. Se gana el tiempo y la atención, encarna el prestigio, el “estar conectado”, se convierte en filtro del mundo y en un nuevo entorno para el aprendizaje, conocimiento y convivencia.
  • Cuando la tecnología se convierte en “prótesis” (pulsera, gafas) a modo de “segunda piel”, sentimos, percibimos desde y con sus simbolismos, que generan sus propias tendencias, emociones, ideas, políticas.
  • Nueva religión que produce intensos espejismos. Los intereses de la industria, el vértigo de la gratificación inmediata, la firme convicción de que lo “nuevo es lo bueno”; el deseo de estar ahí, la ansiedad del “por si acaso”, el confundir “ser, con ser visto”, son algunos de los espejismos de esta tecno-utopía.
José Antonio Gabelas Barroso

Coordinador, fundador e ideólogo de la plataforma TRICLab. Socio fundador del GICID. Profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Zaragoza. Doctor en Ciencias de la Información. Director de la colección Comunicación y Medios (1998-2006). Editor desde 2007 del blog “Habitaciones de Cristal”.

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