Cultura de la participación


La historia de Pablo Ráez se extendió por las redes sociales el pasado verano, fue viral su lucha contra la enfermedad y consiguió llegar al millón de donantes de médula. Un vídeo con su petición colgado el 24 de agosto superó el millón de visitas. Su muerte no ha dejado indiferente a nadie. No solo es un modelo de vida, también es un ejemplo para entender cómo las redes sociales potencian su dimensión humana.

La historia de la participación ciudadana alrededor de Pablo es muy intensa, y esperamos que el vértigo de Internet no la olvide. Como señala El Confidencial, desde el 25 de agosto de 2016, Pablo Ráez tenía fijado en su biografía de Twitter este mensaje, repetido en más de 2.000 ocasiones en otras cuentas de la red social. “Un buen día empecé a contarlo todo, porque no tenía nada que ocultar. En los perfiles de las redes se cuenta tu día a día, y la leucemia forma parte de mi vida.

En la última publicación en su cuenta de twitter dejó una última reflexión, en la que invitaba a dar “más sonrisas, más abrazos, más paz” y una “mejor versión” de cada uno.Este ejemplo es una gota en el océano de Internet que cristaliza la cultura de la participación, que no es tan extensa y alegre como nos dicen las grandes plataformas tecnológicas, pero que a veces es real y solidaria.

La participación es la garantía de una ciudadanía democrática, no hay duda. Pero cuando las reuniones de vecinos no convocan a sus vecinos, o las asociaciones de padres y madres siempre tienen a sus mismos representantes, o las elecciones de los consejos escolares en España apenas rondan el 10% de participación de los padres, se evidencia el absentismo y no la participación. Las últimas elecciones en España fueron secundadas en un 70%, según los datos maneja el Ministerio de Interior, pero esto se hace cada cuatro años. ¿A esto llamamos participación? Participar no es gratis, cuesta un gran esfuerzo en tiempo y ganas. ¿Creemos que la escasa participación que existe offline, no lo es online?

En el emergente discurso de las TRIC (Tecnologías de la Relación, Información y Comunicación) , se describe el factor relacional como elemento que permite y facilita un contexto de conexión y de relación entre los diferentes participantes. Se destacan tres indicadores:

  • Interacción, desde los agentes dinamizadores internos, cercanos, que comparten y disfrutan de un espacio afín de interés e implicación. Y desde los agentes circunstanciales, que visitan y “pasan” por la zona. Esta interacción se desarrolla en tres dimensiones: emocional, social y cognitiva.
  • Señala el grado y nivel de confianza, en la que la economía del don y el intercambio de talento, tiempo y valía garantiza la calidad la reciprocidad.
  • El participante está dotado de la conciencia crítica como competencia, a la expresión creadora como participación activa. El factor relacional es el eje del aprendizaje para la vida que se nutre de todas las dimensiones (cognitiva, instrumental, axiológica, actitudinal, emocional y social).

Permanecemos en la incertidumbre, el viejo sistema con sus grandes relatos (política, religión, economía, familia) se desvanece, y todavía no sabemos lo que vendrá a sustituirlo. La propuesta de cultura participativa puede trazarse desde las siguientes líneas, que hemos extraído y adaptado de H. Jenkins, J. Green y S. Ford “Spreadable Media. Creating value anda meaning in a networked culture.

  • El flujo de ideas. Se produce en la intersección de una estructura mediática basada en el control corporativo, a los círculos basados en la circulación no impuesta a los cánones comerciales. En un conjunto de intercambios que priorizan la reciprocidad y la economía del don. Una producción descentralizada, con múltiples accesos a sus contenidos que son fáciles de “llevar y coger”, portátiles en su naturaleza y función.
  • Experiencias diversas con narraciones abiertas. De la producción en masa a una producción y distribución hipersegmentada, personalizada, que observa, escucha y dialoga con nichos concretos. Aunque no todo el mundo quiere, puede participar, ni todo el que participa lo hace en igualdad de condiciones, el relato no está cerrado. Una sucesión de acciones empuja la narración que se diversifica (propaga) y expande.
  • Los participantes son mediadores críticos y creadores. Si el contenido no responde a sus expectativas o promesas, lo notifican y evidencian. La credibilidad que les ha “otorgado” la comunidad lo exige. Los consumidores además de consumir recomiendan, además de comprar invierten en una economía cultural que gratifica y recompensa su implicación. Como indica Jenkins “cada vez nos estamos convirtiendo más en anunciantes de las cosas que nos importan”.

José Antonio Gabelas &  Carmen Marta

 

José Antonio Gabelas Barroso

Coordinador, fundador e ideólogo de la plataforma TRICLab. Socio fundador del GICID. Profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Zaragoza. Doctor en Ciencias de la Información. Director de la colección Comunicación y Medios (1998-2006). Editor desde 2007 del blog “Habitaciones de Cristal”.

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