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Comunicación Digital (5) Contextos y mediaciones

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Imagen by Jason Blackeye

Primero fue el texto, luego los públicos y las audiencias con los medios. Ahora son los contextos y las mediaciones, y así se escribe la historia de la comunicación, más allá del lenguaje gutural, el propio cuerpo y el fuego.

Con la aparición de las tecnologías, acompañadas de las redes telemáticas y la irrupción de Internet, hoy la comunicación humana está más mediada e intervenida que nunca. Para bien y para mal.

Las estructuras binarias rigen la vida, pero las posiciones maniqueas siempre han salpicado los medios de comunicación, como en su momento expusiera Eco con “Apocalípticos e integrados.” Las tecnoutopías ofrecen un inquietante escenario en las visiones deterministas del panóptico, donde los edificios con cámaras se convierten en una prótesis del poder y la vigilancia.

 

Leer, escribir, analizar, producir desde la contextualización evita la fragmentación y el sinsentido de los datos, que en su “naturaleza bruta” son feos y aburridos. Impide que la saturación bloquee nuestros sentidos. Facilita comprender el ecosistema que nos rodea.

Los escenarios tecnófobos  se han caracterizado por la bipolaridad entre el espacio físico y el virtual. Los tradicionales microsistemas o contextos de pertenencia (familias, escuela, grupo de trabajo, grupo de pares), han legado su relevancia a los macrosistemas de o contextos de referencia, en los que el entorno digital y sus redes de interacción dinamizan los flujos sociales. La Red se ha convertido en el macrosistema dominante, hemos pasado de un entorno de referencia a uno de pertenencia.

Si entendemos la mediación como una reapropiación del significado y sentido del proceso comunicativo, tal y como la expresa Martín Barbero , valoramos la identidad cultural de los sujetos, en la que Guillermo Orozco (1996) describe como “proceso que configura y reconfigura tanto la interacción de los miembros de la audiencia, como la creación por ellos del sentido de esa interacción.”

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Gráfico realizado por Marta Gabelas Muruzábal, adaptado de McQuail en “Introducción a la teoría de la comunicación de masas”. Imagen retocada de Gettyimages.es

Entendemos que la tecnología no es efecto ni consecuencia, que tampoco es medio, es artefacto cultural, es entorno (digital) que forma parte de un circuito, que es cíclico y que produce y es producido por la cultura. Como señala el gráfico propuesto adaptado de los estudios de McQuail.   El contexto social conduce a nuevas ideas, que implican nuevas tecnologías, que a su vez se aplican y suman a usos anteriores. Estas prácticas conducen a nuevas aplicaciones que son adaptadas y adoptadas por las diferentes instituciones, una más otras menos (económicas, políticas, sociales, educativas), que producen nuevas significados y nuevos cambios culturales que se abrirán a un nuevo contexto para volver a empezar.

El planteamiento de McQuail no es nuevo, ya lo dibujó McLuhan con el tono visionario que le caracterizaba, cuando subrayó los medios de comunicación como “extensiones del hombre”; es decir, prolongación de nuestros sentidos. También destacó que la experiencia con los medios de comunicación es sumativa, y que depende del conocimiento y los resultados que tengamos de los medios anteriores. Así ocurrió con la fotografía respecto a la pintura, el cine respecto a la fotografía, la tele, Internet.

 

Humanizar la tecnología es relativizar y comprender las fronteras de la comunicación y la educación,  de la presencialidad y la virtualidad, nos encontramos  como Teseo en el laberinto,  buscando el sentido en el caos, también andando en tierras pantanosas, como sugiere Rivière  en Crónicas virtuales.

“Una vez dentro del circuito, y esto es lo singular del fenómeno, todo es, se vuelve virtual: desde los políticos hasta las víctimas del Zaire, pasando por los ídolos juveniles, los presentadores de televisión y la gente del pueblo que desnuda sus sentimientos en un talk show”, para añadir más adelante “el reinado de lo virtual abarca todos los órdenes de la vida, ¿hasta convertir en innecesaria y superficial la vida real?

No hay que marcharse muy lejos para comprobar la certeza de estas palabras. Una noticia, la actualidad, es efímera y leve, lo que interesa es su actualidad en un tótem presente permanente, en un tiempo indefinido. Y esto siempre se logra con un buen espectáculo. ¿Recordáis El show de Truman, o de un modo más sutil The Player de Altman?

Más reciente y evidente el show de Trump.

 

gabelas

Profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Zaragoza. Investigador en Social Media y Comunicación.

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