Acoso escolar ayer y hoy


Imagen by Jeremy Bishos

Siempre hubo un matón o matona en clase. Es probable que recordemos todavía alguno. La experiencia del “ser acosado” es terrible, e imparable cuando se ampara en el silencio y la complicidad. Pero el de hoy es un acoso escolar con el apoyo y la complicidad de las pantallas.  Durante las 24 horas del día.

Es una evidencia que  con la virtualidad el acoso es más anónimo, más rápido, más cómodo, más inmediato. Llama la atención la frialdad de algunos casos en los que se graban, se guardan, se envían, recrean y hacen  conversan comentarios  y comparten imágenes ofensivas.

El anonimato concede al acosador impunidad y al acosado impotencia. De las entrevistas que hemos realizado a algunas familias, sabemos que el daño es mayor, por el amparo en este anonimato, por el desamparo legal, por la impotencia del agredido y sus familiares, por la fácil difusión.

Que los tiempos cambian y la sociedad con ellos, es algo indiscutible. Pero, ¿hasta qué punto sucede eso? ¿ qué ha cambiado y que permanece? El escenario multipantallas cambia el contexto de detección e intervención. La dimensión virtual del acoso amplifica el hecho al acosador.

El contexto  multipantallas,  genera  una toxicidad que, a modo de bucle, se recrea en sí misma. Por otro lado,  los padres difícilmente controlan lo que dan o reciben sus hijos por las redes. Y en gran medida tampoco acompañan a sus hijos, desde pequeños por el “parque digital“, que forman parte de un jungla como describe el siguiente caso: Diego, de 11 años, antes de suicidarse: “No aguanto ir más al colegio”.

 Si bien los afectados contaban las horas que faltaban para llegar a casa y huir de ese ambiente, o muchas veces ni acudían al colegio para evitar ciertos encuentros, hoy en día, gracias a la tecnología, el acoso se traslada a los ordenadores y a los móviles.

 La rapidez con la que se difunden las cosas agrava la ansiedad y atenta contra la seguridad de las víctimas, es. Una mala foto, un comentario sacado de contexto, un rumor, cualquier cosa puede ser tergiversada o incluso manipulada, y en Internet nunca desaparecen las cosas.

Hay ciertas pautas que deben seguir tanto los alumnos como los educadores para cortar de raíz ese acoso y demostrar que el daño ejercido puede llegar a tener terribles consecuencias.

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El bullying no tiene por qué venir exclusivamente de una relación abusiva en casa. Hay otros factores que cultivan esa agresividad que late en el acosador, por ejemplo, el propio temor a ser agredido.

Día a día, las inseguridades provocadas por factores externos parecen grabarse en la mente de las personas. La fuerza de los reality shows, las modas de Internet, los iconos idealizados y alimentados por el morbo que produce el materialismo y las emociones negativas.

Este conjunto de circunstancias lesiona autoestima, que se manifiesta con ira, cobardía y saña en su actitud de cara al resto, intentando ridiculizar al que es diferente, haciendo que la atención se desvíe a ese sujeto y, no sólo el abusador quede libre de repercusiones, sino protegido.

La complicidad es acoso, el silencio es sufrimiento.

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Ilustración by Marta Gabelas Muruzábal

 

Alba Lobera, José Antonio Gabelas y Carmen Marta 

 

 

 

José Antonio Gabelas Barroso

Coordinador, fundador e ideólogo de la plataforma TRICLab. Socio fundador del GICID. Profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Zaragoza. Doctor en Ciencias de la Información. Director de la colección Comunicación y Medios (1998-2006). Editor desde 2007 del blog “Habitaciones de Cristal”.

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