Las paradojas de las tecno-utopías


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Imagen by Marta Gabelas Muruzábal

¿Habéis visto a un pequeño de apenas 18 meses coger una tablet  con las dos manos, dejando los pulgares libres? Es una evidencia, pero no hablaremos de nativos digitales.

Postman escribió hace un tiempo “Divertirse hasta morir,”  recuerdo que cuando lo leí pensé que el profesor neoyorkino había “dado en el clavo”. El tiempo y posteriores relecturas me lo confirmó. Los medios de comunicación, no son ni ventanas, ni espejos de la realidad, son artífices en el protocolo del espectáculo.

Unos años después escribe “El fin de la educación,” un libro actual con un título provocativo y con un capítulo final “Tejedores de palabras. Hacedores de sueños,” que describe cómo el mundo “no es como lo vemos. Lo que vemos es un resumen –una abstracción- de una actividad electrónica”. A pesar de que la primera edición es de 1995, y todavía no habían aparecido las redes sociales , e Internet tenía muchas sorpresas reservadas, reconozcamos que Postman atisbó el potencial de la mediación tecnológica para crear, gestionar y retroalimentar diferentes realidades, que son representaciones y vivencias.

La exploración de las relaciones entre la representaciones de los hechos y nuestra percepción de la realidad (es), nos conduce irremediablemente a observar cómo la mediación tecnológica produce un laberinto de paradojas. La navegación por las frecuentes aguas turbulentas de la Red, necesita un hilo de Ariadna, que facilite nuestra navegación. Desde una hoja de ruta y con una precisa planificación en la que tenga un importante lugar, la dieta digital.

Del mismo modo que la tecnología siempre es ideología, también es entorno. Es decir, mucho más que herramienta o instrumento. Es prótesis añadida a nuestro cuerpo (materia), que nos dimensiona el potencial comunicativo del entorno y de la mediación tecnológica, y que no construye conocimiento, más allá de un puñado de datos. Por eso hablamos de TRIC (Tecnologías de la Relación, Información y Comunicación) y no de TIC.

El discurso distópico, sembrado por las grandes referencias 1984 y un Mundo Feliz, está muy presente en sagas como Saga Delirium, Despierta o Black Mirror.; o películas como Inteligencia Artificial, Blade Runner, Mad Max, Gatacca o Matrix. O los relatos entre los que crecimos Philip. K. Dick, Asimov, Clark, Bradbury, H.G. Wells, evidencian una preocupación, y precisa una reflexión, la búsqueda de un “nuevo” humanismo (¿digital?)

Si el discurso distópico se contrae y expande en estructuras binómicas (totalitalismos/democracias, soledad/compañía, salud/enfermedad, opulencia/miseria; razón/pasión, individuo-masa, privacidad-seguridad); nosotros trazamos el siguiente recorrido, en 6 bucles inspirados en “Tejedores de palabras. Hacedores de sueños”. Un bucle que precisa el contexto de McQuail para entender que la tecnología es más que instrumento.

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Imagen by Marta Gabelas Muruzábal, inspirado en McQuail “Introducción a la teoría de la comunicación de masas”.

  • Todo cambio tecnológico es un contrato. Adquirimos un nuevo servicio o producto con su beneficio y su desventaja o limitación. El GPS sustituyó al mapa y a la brújula, es más rápido y cómodo, pero reduce habilidades y destrezas como el sentido de la orientación y la memoria.
  • La brecha digital existe y se expande. Lo que significa que las ventajas y desventajas de la apropiación tecnológica no se distribuye equitativamente por toda la población.
  • La nueva tecnología están acompañada de poderosas ideas que obligan a las personas a utilizar su mente, sus emociones y su cuerpos en la interpretación del mundo. Por ejemplo, la posesión y uso de un dispositivo móvil, garantiza la ubicuidad y la intensidad de las relaciones, en detrimento de la experiencia sensorial y la cercanía presencial.
  • Toda nueva tecnología no “rompe” con la anterior, ni tampoco es solo “sumativa”, limitándose a añadir algo. Se gana el tiempo y la atención, encarna el prestigio, el “estar conectado”, se convierte en filtro del mundo y en un nuevo entorno para el aprendizaje, conocimiento y convivencia.
  • Cuando la tecnología se convierte en “prótesis” (pulsera, gafas) a modo de “segunda piel”, sentimos, percibimos desde y con sus simbolismos, que generan sus propias tendencias, emociones, ideas, políticas.
  • La nueva religión, que produce intensos espejismos. Los intereses de la industria, el vértigo de la gratificación inmediata, la firme convicción de que lo “nuevo es lo bueno”; el deseo de estar ahí, la ansiedad del “por si acaso”, el confundir “ser, con ser visto”, son algunos de los espejismos de esta tecno-utopía.

 

 

 

José Antonio Gabelas Barroso

Coordinador, fundador e ideólogo de la plataforma TRICLab. Socio fundador del GICID. Profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Zaragoza. Doctor en Ciencias de la Información. Director de la colección Comunicación y Medios (1998-2006). Editor desde 2007 del blog “Habitaciones de Cristal”.

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1 comentario

  • Isabel Iniesta
    12 junio, 2017 at 13:19

    Realmente interesante, José Antonio.
    Como bien dices, no toda nueva tecnología “rompe” con la anterior, ni tampoco es solo “sumativa”.
    Y, sin embargo, cambia todo el contexto, altera el ecosistema. Para bien o para mal, depende de los usuarios, de las personas.

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