Adolescentes: ¿por qué son tan raros? (2)


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Photo by Jordan McQueen

La adolescencia es un momento biológico asociado a la pubertad, nadie lo discute. Pero no es un momento único y estático, sino una sucesión de etapas que empiezan con unos granos y se prolonga cuando los jóvenes entran en la universidad.

¿Y si hay algo más que un puñado de hormonas?

La tesis que plantea Strauch se basa en la recopilación de diferentes investigaciones, que recogen los resultados de los análisis del cerebro del adolescente, mediante la aplicación de potentes escáneres que han penetrado en cerebros vivos y rastreado sus movimientos.

Los escáner permiten obtener imágenes de resonancia magnética (MRI), observando como el potente campo magnético del hidrógeno del cerebro, con una descarga de ondas de radio sacude los átomos. El MRI mide la energía que liberan los átomos para recuperar la posición normal. Cuando se introducen los cálculos en un ordenador, se genera un patrón o perfil de las estructuras cerebrales. Una fotografía precisa del cerebro y su crecimiento.

¿Cómo es, cómo funciona el cerebro ?

  • El cerebro es “fluctuante, enloquecido y confuso”. Es el objeto más interactivo que existe en nuestro planeta, señala la autora. Los científicos han encontrado el santo grial que lo diferencia del cerebro adulto: su exuberancia. Sigue su exploración, y nos queda mucho por saber, “apenas asoma la parte de la zapatilla por el borde del monopatín. ” Ojo, está en construcción.
  • Cambia a mucha velocidad y con mucha intensidad, pero le faltan los frenos. Es decir, el desarrollo de la corteza prefrontal, que es el área que controla e inhibe los impulsos.“Es emocionante, y siento que me gusta; es un subidón de adrenalina. No conozco mis límites y supongo que quiero averiguarlo”, recoge Strauch, de uno de sus testimonios.
  • El cerebro es un enorme devorador de energía. Cabe en nuestro puño, apenas pesa kilo y medio, solo representa el 2´5 % de nuestro peso corporal, pero utiliza el 20% de la energía del cuerpo.
  • La sustancia gris de los lóbulos frontales se hace cada día más densa. Se reduce su tamaño y se ajusta la corteza prefrontal. El vigilante que controla los impulsos y reclama cautela.Proliferan las conexiones, que permiten que los neurotransmisores (dopamina) del movimiento, la atención y el placer intensifiquen su acción.
  • Las largas fibras que conectan las neuronas quedan revestidas de mielina. Esa cobertura de grasa que envuelven los axones y ejerce de aislante, permite que las señales eléctricas del cerebro circulen a gran velocidad. Una carga eléctrica en un axón mielinizado viaja cien veces más veloz que otro sin este aislante.
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Photo by Mateo Paganelli

Los adolescentes también definen su identidad a través del riesgo.

La pubertad agita las sensaciones con más intensidad. Los neurocientíficos describen la liberación de testosterona y estrógenos, y sugieren integrar también las complejas interacciones neuronales que comprenden los mecanismos cerebrales de motivación y compensación, en las que participa la dopamina, sustancia química clave del cerebro que transmite y comunica las señales entre las células nerviosas.

Es decir, el cerebro de un adolescente circula como un potente coche de fórmula uno por la autopista, mientras que el resto lo hacen como un modesto utilitario. El cerebro adolescente está en cambio, cada uno de ellos es un horizonte infinito de esperanza.

Cinco observaciones: (para su tranquilidad y la nuestra)

  1. La neurociencia nos dice que sus comportamientos extraños y desconcertantes, agradablemente sorprendentes, obedecen a un cerebro adolescente medio, normal. “Puede que mi hijo no esté tan loco como creía, puede que sea natural. Será cuestión de esperar”.
  2. La atracción por las conductas de riesgo, son un estado natural y necesario para su desarrollo.
  3. Habíamos creído que la mayor influencia procedía del entorno, pero la biología y la genética forman parte del guión de su comportamiento, así como de su educación. Aunque no subestimamos su entorno, ni tampoco sus conexiones, por eso hablamos de horizonte neurosocial 
  4. No hay culpables. Que tomen conciencia que sus altibajos, depresiones y ansiedades, residen en sus conexiones cerebrales. Que sepan cómo funcionan y que su cerebro está en construcción, les tranquiliza y les anima. También tranquiliza a sus padres y educadores
  5. Responsabilidad de los adultos. El “estado crítico del cerebro”, en expansión y exuberancia es una oportunidad enorme para su educación, y un reto constante y apasionante para acompañarles en su incómodo crecimiento. Estimulación y comprensión son dos claves muy significativas.
José Antonio Gabelas Barroso

Coordinador, fundador e ideólogo de la plataforma TRICLab. Socio fundador del GICID. Profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Zaragoza. Doctor en Ciencias de la Información. Director de la colección Comunicación y Medios (1998-2006). Editor desde 2007 del blog “Habitaciones de Cristal”.

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