Disney y sus 12 princesas: el sexismo naturalizado (1)


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Ilustración by Marta Gabelas Muruzábal

Se acercan las fiestas navideñas, y Disney nos ha traído este árbol lleno de ilusiones y fantasías. Sus 12 princesas presiden 70 años de cine, y todo un imaginario colectivo de varias generaciones. Abróchense los cinturones porque emprendemos el viaje por las entrañas de Disneylandia, nuestra guía y consultora será @carmenCantillo, nuestra hoja de ruta su tesis doctoral: Imágenes que construyen identidades ocultas. Los estereotipos de las princesas Disney desde una perspectiva de género. Efectos a través de las generaciones y en diferentes entornos: digital y analógico.

“La asimetría mujer-hombre se sustenta en un sistema patriarcal basado en el consentimiento; por tanto, para atacarlo hay que visibilizar las fórmulas de coerción y dominación más obvias y también las más sutiles basadas en el imaginario creado alrededor del amor romántico y del ideal de mujer”

Este declaración de intenciones, que sostiene el planteamiento, enfoque y análisis de contenidos de nuestras entrañables princesas, es diseccionado por el comentario de Giroux. “los sueños que Disney ofrece a los niños no son inocentes y debe escudriñarse el contenido de las promesas que encierran, los valores que proporcionan y las formas de identificación que ofrecen”. Postman, en su magnífico “Divertirse hasta morir“, ya afirmaba que la tecnología es ideología, y lo describimos en la nueva religión .  Añadamos que el  consumo también es ideología.

Recorramos 70 años de historia.

  1. Aparece Blancanieves. (1937)

Una respuesta a las expectativas de lo doméstico y la perfecta clonación de la típica  y establecida familia nuclear. Los enanitos la acogen en su casa. El príncipe la salva del encantamiento y se la lleva con él.

     2. La cenicienta (1950)

Los celos de la madastra por su belleza son incontrolables. Queda como esclava cuando desaparece su progenitor. El poder de la madastra sobre ella la condena a la sumisión. Pero el príncipe la libera de su pobreza y de su humillación.

    3.  La Bella Durmiente. (1959)

El príncipe no asume la norma. Aurora, la princesa sumisa, aunque se resiste, llora. Solo llora. Las hadas la mantienen en la ignorancia y aislada. Es una campesina protegida por sus tías, y un día a los 16 años será la elegida por el principle.

  4.  La sirenita. (1989)

Emerge la sirenita. No está conforme con su identidad, rebelde con las normas y el mundo pero dispuesta a renunciar a todo por un hombre. Rebeldía adolescente y sentimiento idealizado por un príncipe.

5.  La Bella y la Bestia. (1991)

Amor de una hija por su padre, que se ofrece a cambio para liberarlo. El opresor las tiene prisionera. El corazón del malvado se transforma ante la belleza y los modales delicados. Gracias a Bella, Bestia se libera de sus problemas. Ella no consigue nada para sí misma, pero sí para el hombre.

6.  Aladdin.(1992)

Jasmine mimada y engañada. Aladdine, pícaro y simpático la seduce. Mujer boba engañada.

7.  Pocahontas. (1995)

Matrimonio pactado de la hija de la tribu con el hombre valiente. Duda, pero acata la orden. Tiene que ser fuerte y alegre (como su madre).  Paz y multiculturalidad  de diseño.

8.  Mulan. (1998)

Se hace pasar por un chico para salvar a su padre e ir a la guerra. Masculinidad como símbolo de los valores patrios y su defensa. Príncipe que aparece y busca princesa.

9. Tiana y el Sapo. (2009)

Tiana es buena, amable y testaruda. Su sueño es tener un lugar en “Tiana´s Place”. Un presumido príncipe con forma de sapo la abrirá los ojos a Tiana, para enamorarse perdidamente de él. Intentará hacer el sueño de su padre, pero no el propio.

10.  Enredados. (2010)

Rapunzel es una bella y espabilada adolescente que vive encerrada en una misteriosa torre. Atrae a todos los personajes masculinos con su belleza y ternura.

11. Brave . (2012)

Muestra la rebeldía de una joven que no quiere acatar las órdenes paternas-maternas. La princesa no quiere casarse, pero pone en peligro la paz del reino por no acatar las normas impuestas.

12.  Frozen (2013)

Elsa huye del gélido reino que ella ha provocado por un extraño poder, una hermana la busca para arreglar la situación. Aislada crece solitaria con terror a los demás porque la vean diferente. Su hermana Anna sigue buscando el cariño de Elsa. Su diferencia la mantiene separada de la sociedad.

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Las 12 mutan y se adaptan conforme avanzan los años. Como indica @carmencantillo, “así como el ratón Martimer se convirtió en Mickey Mouse, para seguir siendo el mismo (todo cambia, todo queda), también la metamorfosis de princelandia en Disney, permanece con sus valores”.

Y así nos encontramos tres etapas en esta metamorfosis:

Primera etapa: (1898-1998). Parecían rebeldes, pero estaban silenciadas.

Segunda etapa: (1937-1959). Disney se complace en su alteridad. La era de los objetos instrumentalizados por príncipes. La cosificación de la mujer.

Tercera etapa: (2009-2013). Era de la hipersexualización. Escenificación de una exagerada implicación femenina en el amor.

Los hogares familiares, muchos de los dormitorios de las niñas se han convertido en una prolongación física y simbólica del universo de Disney, donde se reproducen sus iconos y decorado. En sus armarios cuelgan los vestidos de las diferentes princesas, y sus fiestas de cumpleaños recrean los escenarios y estéticas de la fantasía rosa.  Una galaxia del éxito y glamour, habitada exclusivamente por brujas o princesas y príncipes.

La clonación de estos espacios privados se complementa con otra cosmovisión pública. Una cadena de tiendas y establecimientos, bajo la franquicia de Princelandia, normaliza una infancia-disneylandia.  Ocio, entretenimiento, consumo, convivencia se proponen e imponen “perfectamente embaladas”, en una impecable operación de merchandinsing y packaging de salud, alimentación y bienestar.

Este espacio público se retroalimenta con Celebration (Florida). La comunidad Disney. Una ciudada real, ubicada en el condado de Osceola, en estado de Florida (EEUU). Diseño y cristalización de la feliz utopía.

Hasta aquí el sueño del mercado. El relato sexista (y clasista, pero eso será otra historia), por excelencia. Pronto será Navidad. ¿Por qué romper el sueño y desmontar la fantasía? ¿Por qué interrumpir la distracción y el divertimento de tantas niñas y niños, padres y madres? ¿Queremos seguir comiendo esos “bombones envenenados”? que describía  en el tribunal de esta tesis. Si queremos educar en la igualdad de oportunidades, si queremos escribir la historia entre mujeres y hombres para hombres y mujeres, es preciso desnaturalizar y desenmascarar este discurso. Introducir en los hogares, en los dormitorios, y en las emociones de los niños y niñas una mirada crítica, y un comportamiento creativo frente al pensamiento único de la fantasía rosa de princelandia.

La investigación en general y esta tesis en particular necesitan llegar a las plazas y calles, patios de recreo y escuelas, hogares y dormitorios. El mundo académico no puede ni debe encerrar su trabajo y sus resultados en una burbuja. Para eso escribimos este post, y proponemos talleres, ponencias, publicaciones divulgativas, encuentros entre educadores y comunicadores, y una producción cultural alternativa a la impuesta por el canon mercantilista.

José Antonio Gabelas Barroso

Coordinador, fundador e ideólogo de la plataforma TRICLab. Socio fundador del GICID. Profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Zaragoza. Doctor en Ciencias de la Información. Director de la colección Comunicación y Medios (1998-2006). Editor desde 2007 del blog “Habitaciones de Cristal”.

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4 comentarios

  • Noelle Acheson
    28 Diciembre, 2015 at 12:46

    Un discurso muy importante para toda la sociedad. Lo digo como alguien a quien le encantan los cuentos de Disney, pero quien nunca fue fan de las películas de princesas. Y también lo digo como madre de una niña de 13 años que creció con Cenicientas, pero quien ahora rechaza esas y muchas otras películas por tener protagonistas demasiado “unidimensionales” y débiles (sus palabras). Eso dicho, me encanta como ahora Disney nos da protagonistas fuertes y luchadores (Mulan, Enredados) con pretendientes “patéticos” y rechazados (Brave, Frozen).

  • José Antonio Gabelas Barroso
    gabelas
    28 Diciembre, 2015 at 13:29

    Gracias por tu comentario Noelle. Conozco muchas personas que crecieron con Disney, y algunos que lo hicieron con Hitchcock. Es cierto que el enfoque de este post es descaradamente crítico, y por tanto, haciendo autocrítica, también es limitado. Pero hablamos de Disney, no solo de sus personajes. Es un universo que ha calado en todos y cada uno de nuestros espacios. Y que como dices, se “ha adaptado” en sus discursos a los propios cambios de los tiempos. Sí, claro que creo que esta factoría debería estar en las agendas educativas.

  • valemary Agber
    15 Agosto, 2016 at 17:10

    ¡¿Pero qué?! Sin ánimos de ofender, pero este artículo tiene varias cosas erradas. Primero que nada, hay que tomar en cuenta la época en la que se estrenaron y en la que están basadas. Las más antiguas están basadas en la edad media, donde el rol de la mujer se reducía a la sumisión y las tareas del hogar y no tenía ni voz ni voto. En Aladdín, Jazmín no fue la única engañada, y no por eso es una boba; de echo, en ella se ve el típico capricho de la adolescente rebelde que desea que dejen de imponerle normas.
    En Mulán, ni Shang es un príncipe, ni Mulán es una princesa, y en ningún momento se muestra a un príncipe en busca de una princesa, y ella mucho menos va a la guerra para buscar marido. Por otro lado, “mujer que parece rebelde pero silenciada, masculinidad como símbolo de valores patrios y su defensa” la sociedad china era así; el matrimonio era una manera de honrar a la familia (y lo sigue siendo hoy en día), por eso en el inicio ella busca un marido, no para ella, sino para darle honor a su familia. Y en cuanto a la masculinidad como símbolo de patria, lo que se trata de demostrar en la película es que las mujeres pueden ser igual de capaces que los hombres y viceversa (como la escena de los tres soldados que se disfrazan de concubinas) y en el final de la película la aprecian por eso: por ser una mujer fuerte y valiente que terminó salvando todo un país de la conquista.
    A Rapunzel la buscaban por los poderes de su cabello, no porque se quisieran casar con ella.
    ¿Valiente? La única que le da órdenes es su madre; su padre casi no participa a la hora de corregir su conducta, de hecho se pone de su lado; en el final ella da un discurso que resuelve el conflicto entre los reinos y la boda ya no es necesaria.
    En la princesa y el sapo, Tiana y su padre compartían el sueño, más allá de que fuese de él; el príncipe no busca que ella se enamore de él, busca casarse con la princesa para poder mantenerse económicamente, por lo tanto, el que se encuentra necesitado aquí es el hombre, no la mujer.
    Es verdad, Disney ha sido parte de nuestras vidas y hasta el día de hoy lo sigue siendo, pero aún así, no existe una regla tallada en piedra que diga que debemos mirarlas para que se nos inculquen valores. Si tu hijo mira alguna de estas películas, es porque tú se lo permites. Por otro lado, un niño no tiene la capacidad suficiente para ver en una película cuál es el rol del hombre y cuál es el rol de la mujer. Las caricaturas son para entretener, no para educar, esa es mi opinión.

    • José Antonio Gabelas Barroso
      gabelas
      25 Agosto, 2016 at 18:37

      En primer lugar disculpa la tardanza en la respuesta. Gracias por tus comentarios críticos que por un lado contienen ciertas precisiones, todas y cada una discutibles. Hago también autocrítica porque una película nunca es la impresión de un valor, aunque hablemos de Disney que es más que cine. Coincido plenamente contigo en que la responsabilidad educativa es de los padres, no coincido en que la caricatura o la parodia sea solo diversión. Hoy son inseparables diversión y educación, como lo son información y entretenimiento. Tal y como describimos en http://educarencomunicacion.com/2015/03/disrupcion-educomunicativa-i-parodia-y-diseno/

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