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Tecnología, cultura, sociedad.

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Cuando aparece una nueva técnica, la irrupción de lo desconocido, provoca al mismo tiempo fascinación y rechazo. Ocurrió con el fuego y ocurre con la tecnologías, que ya denominamos TRIC . ¿Cuántas veces aparece en los titulares que los actos violentos, el abandono de la lectura, la incomunicación en las familias, son una consecuencia del mal uso de la tecnología? Antes la culpable de casi todos los males fue la televisión, después el ordenador y ahora son  los dispositivos móviles.

En el territorio de los determinismos, y de la tecno-utopía, entronizando la tecnología como la nueva religión,  el escenario tecno-utópico ofrece un escaparate lleno de usos y gratificaciones, promesas y recompensas. La fascinación de la tecnología nubla la visión y dota de una particular miopía la responsabilidad de la educación. ¿Quién no ha experimentado esta atracción con el nuevo smartphone, tableta, o dispositivo móvil? Los intereses de la industria, el vértigo de la gratificación inmediata, la firme convicción de que lo “nuevo es lo bueno”; el deseo de estar ahí, la ansiedad del “por si acaso”, el confundir “ser, con ser visto”, son algunos de los espejismos de esta tecno-utopía.

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Gráfico adaptado de McQuail en “Introducción a la teoría de la comunicación de masas”. Imagen retocada de Gettyimages.es 

Entendemos que la tecnología no es efecto ni consecuencia, que tampoco es medio, es artefacto cultural, es entorno (digital) que forma parte de un circuito, que es cíclico y que produce y es producido por la cultura. Como señala el gráfico propuesto adaptado de los estudios de McQuail.   El contexto social conduce a nuevas ideas, que implican nuevas tecnologías, que a su vez se aplican y suman a usos anteriores. Estas prácticas conducen a nuevas aplicaciones que son adaptadas y adoptadas por las diferentes instituciones, una más otras menos (económicas, políticas, sociales, educativas), que producen nuevas significados y nuevos cambios culturales que se abrirán a un nuevo contexto para volver a empezar.

El planteamiento de McQuail no es nuevo, ya lo dibujó McLuhan con el tono visionario que le caracterizaba, cuando subrayó los medios de comunicación como “extensiones del hombre”; es decir, prolongación de nuestros sentidos. También destacó que la experiencia con los medios de comunicación es sumativa, y que depende del conocimiento y los resultados que tengamos de los medios anteriores. Así ocurrió con la fotografía respecto a la pintura, el cine respecto a la fotografía, la tele, Internet.

 Con la aparición del dispositivo móvil, no se anularon las funciones del teléfono fijo, como son llamar y recibir llamadas, pero sí se encontraron otras funciones  y se convirtió en un dispositivo polivarente, y casi imprescindible, que sorprendió su implantación a todos, también a las compañías que lo comercializaron. Estos dispositivos ahora han modificado nuestras costumbres,rutinas y retinas, nuestro aprendizaje, nuestro modo de pensar, sentir y convivir. Ya no se lee igual, ni se escribe igual que antes.

Es evidente que precisamos de otros pautados en los que se diferencie claramente usos de abusos, y abusos de posibles adicciones. Hemos propuesto algunos indicadores que pueden facilitar un manual de buenas prácticas.

  •  No alimentar el alarmismo existente en el tratamiento informativo sobre el uso de las tecnologías de la relación, información y comunicación.
  • Precisar desde un modelo pedagógico y comunicativo que atiende el contexto social de estas prácticas culturales como señalamos en el último congreso celebrado en Segovia.
  • Establecer las diferencias entre uso y abuso, para considerar las posibles actuaciones, intervenciones y mediaciones de las diferentes interacciones entre menores y pantallas.
  • Proponer una política de comunicación e intervención educativa y sociosanitaria justificada en los parámetros de promoción de la salud propuestos por la OMS, tal y como hemos desarrollado exhaustivamente en la tesis “La creación de un cortometraje. Un proceso de mediación en la promoción de la salud del adolescente.

Humanizar la tecnología  es necesario. El entorno multipantallas teje una red social con intensa espesura. Las interacciones online, con mucha frecuencia complementarias al offline, como demuestra la investigación que hemos finalizado, cataliza una comunidad con una comunicación fragmentada, nerviosa, multidimensional, lúdica. Distante físicamente, cercana emotivamente; inmediata, gratificante.

El tiempo que hasta ahora conformaba y asignaba sentido a la relación, ha mutado en los escenarios mediados por la tecnología, ha descentrado la interacción, multiplicado las direcciones, y generado un “aquí-y-ahora” continuo.  Los sociólogos hablan de campo cultivado para las transferencias y propicio para que determinados usos y consumos de Internet favorezcan compulsivamente las proyecciones/identificaciones del usuario, de modo más intenso al que produce el relato o visionado .

 Interactividad, simulación, inmersión, hipervínculos, multimedia, son cualidades de la Red que aportan atractivos beneficios, pero una ética para esta nueva convivencia está todavía sin escribir. Ética y dieta son indicadores que  marquen el norte de esta cultura.

 

gabelas

Profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Zaragoza. Investigador en Social Media y Comunicación.

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