José Antonio Gabelas Barroso

Coordinador, fundador e ideólogo de la plataforma TRICLab. Socio fundador del GICID. Profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Zaragoza. Doctor en Ciencias de la Información. Director de la colección Comunicación y Medios (1998-2006). Editor desde 2007 del blog “Habitaciones de Cristal”.

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2 comentarios

  • Marisa Moya
    28 enero, 2015 at 22:47

    He leído este artículo con verdadero deleite, primero porque estas reflexiones son absolutamente imprescindibles, estamos usando el lenguaje digital en hogares y centros educativos sin apenas haber explorado el folleto de interacción, no tanto en manejo de aparatos como en las habilidades que requieren para lograr un uso adecuado social y humanamente.
    Creo que la mayoría de los educadores hacemos bien la primera parte del proceso, atender la necesidad de los niños de iniciarse en el plano digital y esto se traduce en “comprar”, ponemos a su disposición todos los medios materiales. No hay casa sin ordenador, sin tabletas, sin móviles… va habiendo pocas aulas sin acceso al mundo virtual. Pero de este primer paso saltamos al último, o mejor, al que no debiera darse, controlar, “cazar el error del niño”, no para pensar sobre él sino para hacerle pagar las consecuencias (creemos que así se modificará su comportamiento y evitaremos que descarrile su futuro de persona de bien, también en la red), ahí ya aparecen según los estilos educativos parentales o docentes abanicos de medidas más o menos irrespetuosas que sin duda deben dejar en la mente infantil el mensaje de “no voy a hacer siempre lo que tú quieras, te demostraré que puedo hacer lo que yo decida”, y es que esta respuesta forma parte del proceso de individualización, es un determinismo biológico, así funciona el cerebro humano, queramos o no, cuando se le expone a prohibiciones, órdenes e imposiciones.
    Hay también quien se somete pero esto no debe confundirnos, no hay ningún tipo de interiorización de normas, de autoevaluación, el chico responde a mera manipulación externa.
    Y no la hay porque no se ha trabajado, las habilidades socio emocionales se ejercitan, nos fuimos de ese primer paso, dando un salto sin red, al final del proceso, un uso no responsable.
    Quiero decir que aunque nos armemos de guías de todo tipo, de aplicaciones que controlen hasta la respiración, no seremos eficaces.
    Pocos hacen hincapié en la que, creo, es la clave, el proceso educativo. Todos esos pasos que hay que dar para llegar a la meta. Uso apropiado y responsable y sí, también enriquecedor personalmente que para eso nos hemos embarcado en esta aventura de conectar mundos, saberes y personas.
    Pero, esta meta se desdibuja en el horizonte cuando los retos de la vida cotidiana no los usamos para desarrollar en los chicos las habilidades y competencias que le permitirán sentir que es capaz, que puede tomar sus decisiones, que tiene iniciativa, que puede reflexionar sobre la relevancia de sus actuaciones, que puede equivocarse y que estos errores serán oportunidades de aprendizaje…
    No, no creo en el control, tampoco en la prohibición. Soy maestra, educadora. Debo guiar, acompañar, crear situaciones en las que los niños puedan desarrollar sus aptitudes y también generar una actitud de respeto a si mismos, a las situaciones, y a los demás. Este es un proceso vital que no puedo “componer” por ellos, ellos deben aprender y crecer haciéndolo por si mismos, también en lo digital, que es su mundo de interacción y relación social, ya sea de ocio, ya sea de conocimiento o de aprendizaje.
    Entiendo el temor de los adultos pero este temor no se soluciona poniendo límites desde la imposición, los límites solo se respetan cuando se establecen por consenso, con la involucración y participación de quien debe observarlos.
    Por eso insisto en mis escritos, hay que trabajar la relación de los niños con el lenguaje digital (no debemos olvidarnos que es su lenguaje, el de su sociedad, el que define caminos neuronales en sus cerebros que los diferencian de los nuestros) desde edad temprana. Los procesos mentales que ponen en funcionamiento los recursos virtuales, las habilidades que ejercitan, los principios y valores humanos que suponen no pueden ni deben ser relegados a meras guías de control parental o docente.
    El control sin más solo invita a la rebeldía o a la sumisión, es seguro que nada de esto es lo que queremos para nuestros hijos y alumnos.
    Tan solo debemos enfocarnos en la presencia, la constancia y la coherencia… en la ayuda, orientación y acompañamiento de “su proceso vital”, también en lo virtual.
    Un abrazo.

    • José Antonio Gabelas Barroso
      gabelas
      29 enero, 2015 at 12:09

      Muchas gracias Marisa por tu análisis y comentario. La vivencia de la compañía, la pedagogía de la presencia son el sentido del proceso que reclamas. Como educadores, como padres y madres, como maestros, crecemos con nuestros hijos y alumnos a la vera del camino. Las bifurcaciones digitales, precisan mucho más que unas reglas, unas normas y un control, el entorno digital precisa ser un ecosistema en el que educadores y educandos no agravamos las distancias, sino que exploramos acercamientos.

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