ni nativos, ni inmigrantes, ni TIC (1)


Hace unos días nos reunimos en Barcelona, varios miembros del grupo de investigación CONINCOM Jordi Busquet, Sonia Ballano, Cinthya Uribe y José Antonio Gabelas, para realizar un primer balance de los resultados preliminares sobre la investigación que el grupo está realizando, centrada en “El uso de las TIC y la Brecha Digital entre adultos y adolescentes. Encuentros y (Des)encuentros en la escuela y en el hogar “

En nuestra opinión la sugerente y provocativa terminología de Mark Prensky (2001) “nativos e inmigrantes digitales” que incluso podríamos enmarcarla en otra más amplia, pero igual de errónea, como “sabiduría digital”  suscita un interesante debate.

Entendemos que el concepto que mejor caracteriza lo que diferencia al adulto de aquellos nacidos en la segunda mitad de la década de los noventa, es el entorno. Un entorno digital, que es en el que nacen, y en el que sus vidas, aficiones y rutinas, conversaciones y aprendizajes se desarrollan. Entorno sociocultural, formado por sus intereses, temáticas, redes de amigos, proyectos y vinculaciones, donde las prácticas culturales digitales tienen una relevancia, como lo tienen las prácticas culturales presenciales.

Entorno digital que se funde con el sociocultural, dando lugar a escenarios de simulación, ubicuidad, interacción; con sus oportunidades y riesgos, sustancialmente diferente al paisaje presencial y analógico. Por tanto, no hablamos de herramientas, ni de contenidos digitales, ni tampoco de brechas tecnológicas, ni de TIC, sino de una evolución en la forma de comunicarse. Se trata de un entorno sociocultural, que P. Gee, describe  cuando caracteriza la alfabetización múltiple.

 Por ello sí tendremos en cuenta que este nuevo entorno digital está íntimamente relacionado con los cambios socioculturales que se han ido produciendo y que ambos se influyen mutuamente, incidiendo tanto en la comunicación como en la sociedad, de manera que los culturales han marcado también la forma de usar la tecnología y han dado lugar a esos nuevos entornos en los que se mueven los supuestos “nativos” haciendo posible unas interacciones educomunicativas que se desarrollan más allá de las paredes institucionales que “contienen” a los jóvenes. Y así vemos cómo el entorno tecnológico sí ha promovido que se produzca una mayor brecha.

¿Qué significa ser “nativo”? ¿O “inmigrante”? Lo decide el  “haber nacido” en este entorno, o el disponer de las destrezas expresivas, axiológicas, estéticas, sociales, cognitivas, informacionales para gestionar la información, las identidades digitales y los avatares desde una construcción positiva y holística de la vida. ¿Decide ser inmigrante el pertenecer a la galaxia gutemberguiana en su formación  y entorno cultural, o ser un convertido convencido de que los nuevos entornos digitales son compatibles y enriquecen lo analógico?

Cuando hablamos de nativos e inmigrantes ¿cuántos tipos y/o clasificaciones podemos hacer? ¿Según su inmersión y/o dieta digital en el entorno? ¿Según las competencias desarrolladas? ¿Según su grado de participación y/o producción? ¿Según el rechazo y el grado de satanización de las nuevas pantallas y sus afectos y efectos? ¿Lo decide la capacidad de adaptación a estas prácticas culturales digitales, nunca TIC? ¿O la capacidad de desaprender para aprender a “leer y escribir” de nuevo?

Los matices son infinitos, de modo que nos parece bastante gratuito clasificar a los prosumidores o internautas en nativos y/o inmigrantes, cuando existe una enorme heterogeneidad en sus usos, prácticas, intenciones, niveles y grados de interacción, competencias y convivencia con el nuevo entorno.

Cuando hablamos de TIC, para hablar de las prácticas culturales digitales que desarrollan los menores y los adultos en el entorno convergente mediático, consideramos que están reduciendo estas prácticas a viejas prácticas analógicas (uso del PDF, pizarras digitales como si fueran tradicionales, presentaciones PPT o similares como antes los murales, los textos lineales….) que no contienen un cambio en el tipo de comunicación, ni de lenguaje, ni de audiencias, ni de contexto, ni tampoco de educación, que es transmisiva, vertical y unidireccional. Por tanto, seguir con el discurso TIC, es priorizar lo tecnológico, es entender la información como masa de datos que hay que manejar, y es considerar la comunicación como puro ejercicio transmisor y reproductor de viejos esquemas escolares o académicos.

Y es aquí donde radica el problema, ya que se siguen considerando medios instrumentales que facilitan la comunicación y el aprendizaje significativo. Sin embargo su uso no nos garantiza nada y no genera nuevos conocimientos, ni un cambio de actitud, ni una evolución en la mentalidad, y no suponen, así usadas, una ayuda para los “nativos” y tampoco un acercamiento a su universo comunicativo, social y cultural.

Gabelas, J.A, Hergueta, E.

José Antonio Gabelas Barroso

Coordinador, fundador e ideólogo de la plataforma TRICLab. Socio fundador del GICID. Profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Zaragoza. Doctor en Ciencias de la Información. Director de la colección Comunicación y Medios (1998-2006). Editor desde 2007 del blog “Habitaciones de Cristal”.

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