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salud…también digital

Estos días hemos estado “entretenidos” con Black Mirror, serie británica estrenada a finales del año pasado, que describe o sugiere en una metáfora futurista e inquietante un tipo de relación con el ciberespacio y el mundo paralelo. Uno de los éxitos de la serie es el retrato apocalíptico que manifiesta el impacto de la tecnología. Charlie Brooker ya presentó en el 2008 otra serie incómoda  Dead Set, que anticipa en cierta medida algunos episodios de estos capítulos. El primero un anzuelo, el segundo bueno, el tercero mejor. Con un guión y una narrativa impecable: arranque intrigante, desarrollo creciente y final sorprendente.

Por tanto, el visionado de esta serie ha suscitado en varios foros diferentes miradas, me gustaría retomar una asociada a nuestra salud digital.

Ya hemos hablado en este espacio de dieta digital, concepto  que emerge con fuerza en diferentes estudios, publicaciones e  incluso ferias tecnológicas. La analogía de la dieta, empleada en circuitos asociados a la comunicación, educación y salud, se traslada con fuerza a los escenarios de la conexión digital.

 “La sociedad digital es apresurada, insatisfecha, llena de respuestas wiki y se plantea pocas preguntas. Es necesario que esta sociedad digital se someta a una dieta, si no quiere convertirse en una autómata que no reflexiona porque ya no tiene tiempo para hacerlo”,  asegura Richard Watson, autor de Mentes del Futuro. ¿Está cambiando la era digital nuestras mentes? A esta cuestión también se añade Carr, con “Superficiales”, que ya reflejamos aquí, y otros autores como Small en El cerebro digital.   Watson pide que el niño vuelva “al papel y al lápiz y a los juegos de imaginación”. Será un exceso este deseo del autor, o una provocación, porque las tecnologías de la relación, información y comunicación (TRIC),  recogen con creces “ese lápiz y esos juegos de imaginación” si el uso, las interacciones y relaciones mediadas por las tecnologías que se desarrollan son saludables y constructivas tanto para el usuario como para su entorno.

 

 También la tecnología está obsesionada por la dieta digital, como ha mostrado la reciente feria tecnológica mundial celebrada en Las Vegas.  El canon del centímetro de grosor para móviles y televisores es una exigencia. Los “ultrabooks” son el ejemplo más palpable, obtenidos con la miniaturización de los componentes y el uso de discos SSD.

En una reciente publicación “The Digital Diet” Daniel Sieberg describe el fenómeno de lo que él denomina “obesidad digital”. La consultora internacional JWT Intelligence  emitió un informe en el que alerta sobre la creciente tendencia a la “obesidad digital”. No se refieren a ella como un nuevo sedentarismo, sino como el producto de un exceso de conexión, una obesidad nacida de las muchas horas en la Web. La actualización constante del muro de Faceook, el chequeo continuo de los mensajes en Tuenti o Twiter, la ubicación permanente y total mediante del whatsapp, son algunos indicadores que pueden encender los pilotos rojos.

La publicación “Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?”, de Nicholas Carr, propone  una respuesta científica a los diferentes cambios que se producen en nuestro comportamiento. “Nuestro cerebro, como demuestran las evidencias científicas e históricas, –indica– cambia en respuesta a nuestras experiencias, y la tecnología que usamos para encontrar, almacenar y compartir información puede, literalmente, alterar nuestros procesos neuronales.

Sieberg propone una “dieta de adelgazamiento digital” progresiva. Primero “reiniciar” que significa desconectarse un día, luego un fin de semana. Después “reconectar”, que implica colocar la tecnología digital en el lugar que corresponde, con una dedicación horaria entre hora y media y tres horas. El siguiente paso es “reactivar”, que consiste en volver otra vez al inicio para replantearse su tiempo de conexión.

Entendemos que las posiciones descritas, sólo atienden a una variable, que aunque necesaria en el análisis, no es la más relevante, puesto que s afecta sólo a la cantidad de horas que un usuario está conectado, pero no atiende al propio usuario (en su naturaleza, modo de ser, situación personal y/o familiar) , ni al contexto de interacción y uso que este usuario aplica, ni tampoco al conjunto de mediaciones, finalidades que se producen en estas prácticas digitales.

El análisis de las interacciones entre menores e Internet en sus múltiples acepciones, que también denominamos “fenomenología de las pantallas”, obedece a un conjunto de conflictos, entendidos como oportunidad para crecer, entre las actitudes y aptitudes del menor participante, los contenidos expuestos, las interacciones producidas y el despliegue de intervenciones y mediaciones familiares y educativas posibles.

De este modo proponemos otro planteamiento en el enfoque y análisis de esta fenomenología que considera:

 1. No alimentar el alarmismo existente en el tratamiento informativo sobre el uso de las TIC.

2. Precisar desde un modelo pedagógico y comunicativo que atiende el contexto social y cultural de actuación esta fenomenología.

3. Establecer las diferencias entre uso y abuso, para considerar las posibles actuaciones, intervenciones y mediaciones de las diferentes interacciones entre menores y pantallas.

4. Proponer una política de comunicación e intervención educativa y sociosanitaria justificada en los parámetros de promoción de la salud propuestos por la OMS.

 Por consiguiente, señalamos  que sólo desde una visión cuantificadota no se puede deducir científicamente ninguna conclusión, aunque aparezcan  muchos titulares que afirmen que Internet y las TIC producen adicciones y/o dependencias.

Recientemente, el doctor Jerald Block  defendió ante la Asociación Americana de Psiquiatría “la inclusión de este trastorno” en la próxima versión de este manual que se espera para 2012. En su opinión, estamos ante un problema que incluye al menos tres subtipos: abuso del videojuego, adicción al cibersexo y dependencia de las redes sociales y el e-mail. En idénticos términos se expresa el doctor Ronald Pies, profesor de psiquiatría dela U. del Estado de Nueva York, cuando afirma  que es prematuro considerar el abuso de internet como una adicción. Esto, porque muchas veces son personas ansiosas, depresivas u obsesivo-compulsivas, cuyo problema se hace sintomático a través del uso excesivo de la red.

El rigor informativo sólo nos permite afirmar que “la adicción a Internet, podría ser considerada como enfermedad mental en EE.UU”. A finales de este mes, la Asociación Médica de Estados Unidos ( American Medical Association) decidirá si se debe incluir la “adicción a Internet y videojuegos” en el Manual de Diagnóstico y Estadística de Desórdenes Mentales (DSM, por sus siglas en inglés), el catálogo estándar de enfermedades mentales. En última instancia, la Asociación Norteamericana de Psiquiatría tomaría la decisión.

También disponemos de estudios que señalan las posibles adicciones y/o ciberdependencias,  por tanto, la cuestión se encuentra en pleno debate. En cualquier caso , este asunto no es lo más relevante. En nuestra opinión lo importante es observar y encontrar significados constructivos a la creación de nuevos espacios de socialización, conocimiento, entretenimiento y gratificación emotiva que provocan las interacciones entre los menores y las diferentes pantallas. Las pantallas no crean nada, , canalizan, refuerzan las conductas ya existentes.

Diferentes marcos de investigación, tanto en el ámbito anglosajón, iberoamericana, europea,  han abordado este tema desde disciplinas como las ciencias sociales, las ciencias de la educación y comunicación, así como la educación para la salud. Más allá de los determinismos tecnológicos y las visiones apocalípticas, entendemos que los programas de intervención educativa, sanitaria y social sobre estas prácticas, tienen más sentido y efectividad, cuando se plantean desde una visión de la promoción de la salud integral de sus participantes, para un desarrollo comunitario y  según los contextos colectivos y culturales  concretos de uso.

Nos inclinamos por un enfoque que contemple estas prácticas con normalidad, desde lo que podemos entender como  el diseño de una dieta saludable, en la que los padres y madres, los propios menores, las instituciones educativas y los medios de comunicación tienen un protagonismo. 

 

 

 

gabelas

Profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Zaragoza. Investigador en Social Media y Comunicación.

2 Comments

  1. Hola , los avances tecnológicos, de cualquier índole , siempre generan diversos tipos de miedos, las personas que son más conservadoras y/o sensatos, es decir los tecnofóbicos.
    Por otro lado, los que lo defienden a toda costa, los tecnófilos.
    El problema de los avances viene cuando se acaban supeditando solamente al interés del capital, con el reclamo de guiarnos en pos del “progreso”.
    Si además no acompañamos la ecuación resultante de la pertinente reflexión social, con su consecuente instrucción socioeducativa, los efectos del avance, seguirán perpetuando, las deficiencias del sistema, llegando a generar nuevas taras, que eclipsen o mermen en tal medida, los efectos positivos del avance que se produzcan, lo que yo ejemplificaría con la expresión de ” lo comido, por lo servido”.
    Ningún avance o descubrimiento, fue fruto del demonio “per se”,pero la complejidad humana y así como la de las TIC y sus efectos colaterales, tendría que llevar una reflexión detenida y una instruccion social, generada de dicha reflexión.
    Ahora la pregunta es por qué, si se está generando una reflexión, junto con la alfabetización digital, no hay una instrucción socioeducativa, ética y moral?
    Supongo que por los intereses hegemónicos del capital 😉

    • Gracias por tu comentario y tu reflexión. El control hegemónico que apuntas es un análisis muy válido, que procede de los estudios crítico marxistas y culturales de la comunicación, que también precisan otras lecturas, procedentes de otros enfoques, como el funcionalista, y el estudio de las mediaciones. En mi opinión, desde una visión ecléctica y multiperspectiva la valoración es más completa. De modo reciente, hemos expuesto en Humanismo digital http://ined21.com/humanismo-digital/, algunas observaciones. Como bien indicas, entre los determinismos tanto tecnológicos como sociales, hay zonas intermedias muy dignas de estudio. Y ahí estamos.

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