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dieta digital

Del mismo modo que no podemos valorar la salud alimentaria y nutritiva de una persona sólo cuantificando la cantidad de fruta, carne, pescado y dulces que ingiere, tampoco podemos interpretar el significado de los usos, consumos, mediaciones e interacciones que los menores tienen con las diferentes pantallas y/o tecnologías de la relación, información y comunicación. Sea en la televisión,los dispositivos móviles, o  las consolas.

Sólo desde una visión cuantificadota no se puede deducir científicamente ninguna conclusión, aunque aparezcan  muchos titulares que afirman que Internet y las TIC producen adicciones y/o dependencias.

 Recientemente, el doctor Jerald Block defendió  ante la Asociación Americana de Psiquiatría “la inclusión de este trastorno” en la próxima versión de este manual que se espera para 2012. En su opinión, estamos ante un problema que incluye al menos tres subtipos: abuso del videojuego, adicción al cibersexo y dependencia de las redes sociales y el e-mail. En idénticos términos se expresa el doctor Ronald Pies, profesor de psiquiatría dela U. del Estado de Nueva York, cuando afirma  que es prematuro considerar el abuso de internet como una adicción. Esto, porque muchas veces son personas ansiosas, depresivas u obsesivo-compulsivas, cuyo problema se hace sintomático a través del uso excesivo de la red.

El rigor informativo sólo nos permite afirmar que “La adicción a Internet podría ser considerada como enfermedad mental en EE.UU”. A finales de este mes, la Asociación Médica de Estados Unidos (American Medical Association) decidirá si se debe incluir la “adicción a Internet y videojuegos” en el Manual de Diagnóstico y Estadística de Desórdenes Mentales (DSM, por sus siglas en inglés), el catálogo estándar de enfermedades mentales. En última instancia, la Asociación Norteamericana de Psiquiatría tomaría la decisión.

También disponemos de estudios que señalan las posibles adicciones y/o ciberdependencias,  por tanto, la cuestión se encuentra en pleno debate. En cualquier caso , este asunto no es lo más relevante. En nuestra opinión lo importante es observar y encontrar significados constructivos a la creación de nuevos espacios de socialización, conocimiento, entretenimiento y gratificación emotiva que provocan las interacciones entre los menores y las diferentes pantallas.  Las pantallas no crean nada, canalizan, refuerzan las conductas ya existentes.

Diferentes marcos de investigación, tanto en el ámbito anglosajón,  como iberoamericano y europeo han abordado este tema desde disciplinas como las ciencias sociales, las ciencias de la educación y comunicación, así como la educación para la salud. Más allá de los determinismos tecnológicos y las visiones apocalípticas, entendemos que los programas de intervención educativa, sanitaria y social sobre estas prácticas, tienen más sentido y efectividad, cuando se plantean desde una visión de la promoción de la salud integral de sus participantes, para un desarrollo comunitario y  según los contextos colectivos y culturales  concretos de uso.

 Nos inclinamos por un enfoque que contemple estas prácticas con normalidad, desde lo que podemos entender como  el diseño de una dieta saludable, en la que los padres y madres, los propios menores, las instituciones educativas y los medios de comunicación tienen un protagonismo.

gabelas

Profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Zaragoza. Investigador en Social Media y Comunicación.

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