yo no lo tengo ¿y tú?


 

Por gentileza de mi amigo Dani propongo este monólogo, que forma parte de uno de los momentos del congreso virtual sobre Competencias digitales y cultura de la participación que estamos celebrando y que termina el próximo 8 del próximo mes.

A pesar de los “sesudos debates” que se están manteniendo en el congreso, una ráfaga de humor como este monólogo ilustra bien y mucho algunos de los episodios más significativos antes y durante de la cuestión clave ¿yo no tengo un iphone y tú? Pasajes como la necesidad de estar permanentemente conectados, lo modernos  que podemos llegar a ser, la gestión de nuestros recursos en espacios de interacción… Y una gran dosis de sentido común que perdemos cuando debatimos las luces y sombras de lo analógico y lo digital. Lo paradógico es que sólo con la palabra se describa con bastante sugerencia muchas claves de nuestra comunicación.

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José Antonio Gabelas Barroso

Coordinador, fundador e ideólogo de la plataforma TRICLab. Socio fundador del GICID. Profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Zaragoza. Doctor en Ciencias de la Información. Director de la colección Comunicación y Medios (1998-2006). Editor desde 2007 del blog “Habitaciones de Cristal”.

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26 comentarios

  • Enrique Castro Román
    9 Octubre, 2011 at 23:32

    Pues ya somos dos que no lo tenemos. Sin duda se trata de un aparato magnífico, un símbolo del futuro. Lo único que no me gusta es la pasión desmedida por cambiar de terminal que todos tenemos. Es esa misma pasión la que hace que las ventas suban y se pueda investigar en nueva tecnología, pero ¿hasta dónde es necesario para nosotros?, ¿qué otros factores conlleva?, ¿realmente no podemos vivir sin el último modelo, como parece?
    Si para Marshall Mc Luhan los medios son una prolongación de nuestros sentidos (radio-oído, tv-ojos), y los medios eléctricos son una prolongación de nuestro sistema central. podemos decir que el I-Phone es el sustituto de nuestro cerebro, porque todo lo tiene.
    Mc Luhan no llegó a conocer Internet pero, a raíz de sus observaciones sobre las extensiones del ser humano (“Comprender los medios de comunicación”), podríamos decir que es el Alma, el compendio de la humanidad.
    Por cierto, en este libro también acuñó esta frase: “Modelamos nuestras herramientas, y luego estas nos modelan a nosotros”.
    http://lashuellasdelabestia.blogspot.com/

  • Fernando Real Reyes
    11 Octubre, 2011 at 22:37

    Pues yo tampoco lo uso, ¡y tengo acceso a uno!, traído de un bazar en china y muerto en un cajón del escritorio.
    Jamás se ha sacado de la caja. Pero eso, es otra historia.

    No dudo de la genialidad del aparatito. Más que un teléfono es una extensión, como bien ha dicho mi compañero. Es más, lo considero la primera implementación eficaz de un dispositivo de “realidad aumentada”.

    Pero si nos quedaba alguna duda de si estamos inmersos en el “determinismo tecnológico”, al menos yo, no tengo ninguna. Estamos todos, todos, convencidos de que la tecnología va a hacernos más felices.

    Yo he descubierto que no. Puede que no sea gran cosa mi descubrimiento, algo obvio, pero puede suponer un problema para álguien que se cansó de la tecnología tras haber estado “colgado” de ella. Mi punto de ruptura sucedió cuando me enfadé con mi ex-pareja (ains…), porque se perdió las campanadas de fin de año ya que estaba colgada del iphone…, hablando por teléfono (ains…).
    Sin embargo, en el mundo en el que vivimos es necesario un cierto grado de uso. Pero no es tanto como parece si uno lo medita mínimamente.

    Yo ya no puedo evitar verlo como: “Otra necesidad más de consumo”. Parece imprescindible, pero no lo es. Sin embargo, es la madre de todos los Gadgets y eso lo reconozco.
    Pero como ya he dicho, no es más que eso, más consumo. Algo más para adquirir pensando que nos hará la vida más fácil. Es posible que la haga, pero pasando por caja primero. Incrustado hoy día en el discurso como un “must”. Aunque, vaya “must” más ingenioso. Porque el aparatito, es sorprendente.

    Saludos.

  • Amaia Jaureguizar
    12 Octubre, 2011 at 22:00

    Vale, me toca a mi entonces confesar que sí, que yo sí tengo uno. Pero para no llevaros por completo la contraria, reconoceré que lo tengo porque era lo que me regalaba mi operadora sin tener que desembolsar ni un euro. ¿El motivo? Porque es el 3 y ya vamos camino (casi) del 5 🙂
    Tengo un compañero que es un fanático de estos cacharritos y casi podríamos decir que lo adora, para él encontrar la solución a un problema se reduce a encontrar la Aplicación de iphone que te ayude. Cuando descubrió que tenía uno, corrió a intentar convencerme de lo feliz y fácil que iba a ser mi vida a partir de ahora. Visto en perspectiva, pasé unas semanas que me sentía como si me estuvieran intentando captar para una secta. De repente ya era miembro de un club: “los que tenemos iphone”. Actualmente mi compañero está muy decepcionado porque solamente utilizo el teléfono para lo que inicialmente lo quería: llamar, recibir llamadas y de vez en cuando algún mensaje de texto.
    Pero que nosotros nos rebelemos contra el exceso de tecnología e intentemos seguir memorizando al menos los números de teléfono de los más allegados, de vez en cuando tomemos notas con lápiz y papel e incluso usemos una agenda de esas con cinta para recordarnos en qué día estamos (ejercitando ese cerebro que está acartonado como dice Enrique), no hace más que estigmatizarnos y convertirnos en unos raros especímenes. Porque al igual que a nosotros nos cuesta imaginarnos cómo sería la vida de nuestros abuelos sin televisión, nuestros hijos ya no conciben que nada pueda hacerse sin un ordenador: en las salas de espera ya no se leen TBOs, se juega con los móviles de papá y mamá; ya no es necesario esperar días, semanas o incluso meses para ver el resultado de la foto, “a ver cómo ha quedado?!?” y si no les gusta, a hacer otra más; ¿y esa forma que tienen los más pequeños de pasar su dedito por la pantalla para cambiar de aplicación?.
    No sé si nos hará o no más felices, como comentaba Fernando, pero estos aparatejos están aquí para quedarse… poco podemos hacer contra ellos.
    Os dejo un link a un anuncio que creo que ilustra bastante bien mi comentario:
    http://www.youtube.com/watch?v=1pYknVUAEP0

  • Ana Guillén
    13 Octubre, 2011 at 0:48

    No tengo Iphone, pero sí tengo ¡una calculadora rusa científica!… Y reconozco que estoy convencida de hacer el cambio, porque hay unas 100 personas a mi alrededor que me lo aconsejan… Habrá que rendirse ante la evidencia, ¿no?…

    Y sí, creo que vivimos en un mundo, en el que las fuerzas técnicas determinan los cambios sociales y culturales; desde hace más tiempo del que somos capaces de recordar. Pareciera que la tecnología es “innata” al hombre. Apenas llega a nuestras vidas y ya no podemos vivir sin ella o ¿sí?…

    En cualquier caso, me preocupa más, el uso que hagamos de la tecnología que la propia tecnología en sí. Y el uso, es el que determina el “status” que tiene la tecnología en nuestras vidas.

  • Enrique Castro Román
    13 Octubre, 2011 at 1:05

    Tienes razón Amaia, estos cacharros están aquí para quedarse, y tienes razón, Fernando, esto es lo que se llama determinismo tecnológico.
    Se habla del detreminismo tecnológico en el sentido en que antes hablábamos del determinismo biológico. Por determinismo biológico entendemos que el ser humano es definido por su genética, y que ésta “determina” su conducta, e incluso explica su modo de relacionarse o de construir sociedades. Siempre que se habla de las nuevas tecnologías hay una frase que tarde o temprano acaba saliendo, y dice así: “las tecnologías no son buenas ni malas, depende de lo que hagamos con ellas”.
    No voy a entrar a juzgar esta frase (excepto para decir que resulta poco original y algo cansina), pero voy a citar al viejo McLuhan una vez más: “Nuestra respuesta convencional a todos los medios, de que lo que cuenta es cómo se utilizan, es la postura embotada del idiota tecnológico”, y luego añade “Los efectos de la tecnología no se producen al nivel de las opiones o de los conceptos, sino que modifican los índices sensoriales, o pautas de percepción, regularmente y sin encontrar resistencia”.
    Según el determinismo tecnológico, la cuestión de si los medios o la tecnología son buenos o malos, carece de sentido. La tecnología es nuestra prolongación, es parte de nosotros, nos afecta y nos DETERMINA.
    McLuhan habla de los medios como extensiones del cuerpo humano, pero nos dice que estas extensiones (y aquí viene lo que NO suele explicarse), producen el entumecimiento o autoamputación del miembro o sentido prolongado. El sistema nervioso central tiende al equilibrio, y cuando nota una descompensación, tal como una amplificación de un sentido cualquiera, tiende a mutilar esta parte.
    Pongamos por caso la tv, es la extensión de nuestro sentido de la vista, pero de tanto “ver”, las imagenes ya no nos afectan, ni tan siquiera las más atroces, o, por poner un ejemplo “chorras” el GPS del coche, que ha supuesto el entumecimiento de nuestro sentido de la orientación.
    Si esto es así, ¿qué pasa con FACEBOOK?, tal vez sea una prolongación de nuestra vida social, pero tal vez la “entumezca”, tal vez haga que para afrontar la necesidad de tiempo que requiere, ampute nuestra vida social “real”.
    En todo caso parece ser que la mayor parte de las teorías de McLuhan en relación al sistema nervioso central eran erroneas, según los expertos. Aunque yo creo que a McLuhan hay que leerlo como quien lee a un poeta, que a veces estaba inspirado y a veces se le iba la olla.

  • Fernando Real Reyes
    13 Octubre, 2011 at 1:54

    Hola.
    Lo que comentas, Enrique, de McLuhan es muy interesante, pero efectivamente aunque mucho de cuanto dijo hay que tenerse en cuenta, en algunas cosas era algo extremo. Incluso Woody Allen lo saca en una de sus películas.

    Decir que ciertos dispositivos puedan atrofiar algunas capacidades me parece algo extremo, pero sí que puede que afecte a nuestra percepción de las cosas. En unos casos, dejándolas de lado y en otras, agudizándolas.

    Yo, a pesar de mi tono inicial, estoy convencido de que muchas de estas tecnologías nos han acercado más los unos a los otros. Nunca nos habíamos comunicado tanto como hasta ahora, así que me considero de la rama más bien positiva.
    A mi juicio mucho del determinismo tiene su causa en necesidades sociales y psicológicas como la identidad, la necesidad de pertenecer a un colectivo y algunas más. El objeto de consumo da igual, en este caso es un iphonecacharro, mañana será el zapatófono, ¡ah no!, que eso fue ayer…
    Pero tenerlo, lo hace pertenecer a un grupo de élite. ¿Nadie recuerda la cola para comprar el Iphone 1?

    Por supuesto, no se puede generalizar y hay más causas, pero no vamos muy desencaminados.

    Lo que no tiene que ver, y que quiero separar, recalcándolo, es que “terceros” me provoquen una necesidad de consumo, tratando de convencerme de que mi vida será mejor y más feliz con el iPhone. En lo que a eso respecta y con perdón, ¡que se joda el iPhone!
    Ya determinaré yo si me es útil o no y cuándo. Ahora mismo no lo necesito, así que ahí se queda. Convertir la tecnología en “Soma” se nos da bien a los humanos, pero se ve que no aprendimos del Titanic.

    Este temita es que me toca tan de cerca…, ¡ay! si yo contara…

    Saludos!

    • Amaia Jaureguizar
      13 Octubre, 2011 at 23:54

      Un breve apunte… ¿seguro que es extremo lo de “atrofiar” capacidades? Es curioso. Cuando el mundo era de los teléfonos fijos el de mi casa estaba en la pared del pasillo, sin mesita ni silla ni nada para que no nos acomodásemos -entonces eso de la tarifa plana de llamadas sonaba a Asimov-, por lo que cada vez que llamaba a alguna amiga iba a mi habitación miraba el número y recorría el espacio hasta el teléfono repitiendo la combinación ganadora. El resultado es que aún me acuerdo de los teléfonos de al menos 10 de las personas con las que me relacionaba entonces.
      Volviendo al presente, cuando me cambié de trabajo tardé más de seis meses en aprenderme mi nuevo número de móvil, y no me pregunteis ninguno que no sea el de mi madre, no soy capaz de pasar del 6 🙂
      Así que sí, creo que ciertas capacidades dejamos de ejercitarlas y por tanto nos olvidamos de que las tenemos, y de eso tienen mucha culpa todos los aparatejos que nos rodean.

  • Ana Pozuelo López
    13 Octubre, 2011 at 14:09

    Yo no tengo i-phone, de hecho tengo un móvil tan antiguo que seguro que me daban una pasta por ser el único en su especie que “subsiste” en estos momentos. Pero tal vez la rara sea yo. La mayoría de mis compañeros de trabajo y de mis amigos lo tienen. Yo me paso el día escuchando soniditos que no sé ni de dónde vienen y resulta que son de los “guasap” (lo escribo así porque no sé ni como se escribe) de mis compañeras que se lo pasan pipa y que además son gratis. ¿Gratis? Gratis, no. Previamente has tenido que pagar tu conexión mensual a Internet.
    Pensándolo bien es que debo ser rara de narices, porque solo utilizo el móvil para llamar y mandar mensajes, puedo sobrevivir sin estar conectada a la red 24 horas, sin teclas táctiles que os juro que no se manejar, y no es porque no lo haga con dulzura, pero siempre que he probado alguno, termino apretando justo donde no es. Tampoco hago fotos con el móvil, primero porque prefiero una cámara y segundo porque la cámara de fotos que tiene mi móvil es tan mala que sería un sacrilegio hacer fotos con ella.
    Pero ahora en serio, sé que lo mío no es lo “normal”, no es la tendencia, no voy a la par de la tecnología, no estoy con la mayoría. Estamos inmersos en un determinismo tecnológico total. Tanto como para que provoquen cambios sociales y culturales grandes. Tan fuerte como para cambiar nuestros hábitos de consumo, nuestra manera de relaccionarnos, etc.
    El refrán dice: “¿Renovarse o morir?????” Uffff!!!!! Yo casi que me voy a seguir quedando con mi móvil, total, de algo hay que morir y no quiero salir en las noticias con el titular: ” Una mujer se vuelve loca al no saber manejar su i-phone y no poder leer los “guasap” que le enviaban sus amigas”.

    Que me perdone Apple y Steve Jobs, pero de esto ya hablo en otro mensaje.

    Saludos para todos,

    Ana Pozuelo.

  • Enrique Castro Román
    13 Octubre, 2011 at 18:39

    Hola Fernando y Ana; esta es una nota más a nivel personal. Yo la verdad es que sufro con estos temas porque me dejan un poco indiferente. La publicidad me parece un oficio insoportable (y ya se sabe cuánto hay de publicidad detrás de esto); que llamen creativo a un tío que hace anuncios es como si llaman meteorólogo al hombre de la lluvia; que las tecnologías sean buenas o malas (¡ah, ese gran tema de debate, análogo a las entrañables redacciones “La primavera”, o “mis vacaciones”) me desencaja a bostezos; y de las RRPP mejor no hablo porque me excomulgan.
    A mí me gusta el periodismo rancio por la imagen que me hice de él, por Clark Kent, Tintín, películas como “Primera plana” o “El año que vivimos peligrosamente”, y por los entrañables reporteros de “Miguel Strogoff”, que dictaban versículos de la Biblia al telégrafo para mantenerlo ocupado y que no les pisaran la noticia. Estoy démodé antes de haber estado de moda. Por eso me gustan estos tipos como Mead o McLuhan que hablan de cómo procesamos las palabras, y es de recibo agradecer que me los hayan dado a conocer.
    Imaginaos, entonces, qué pensará un tipo como yo de un aparato como ese. El microondas lleva muchos más años facilitandome la vida, te lo aseguro.
    Y no te preocupes, Ana, por las teclas del I-Phone, un día tendrás uno, y yo, o no, tal vez pasemos directamente al bio-chip implantado en el tímpano.

  • Amaia Jaureguizar
    14 Octubre, 2011 at 0:18

    Bueno, pues ya que he quedado estigmatizada con “la que tiene el iphone” seguiré confesando que a mí sí me gusta la tecnología. Me fascina cacharrear y descubrir cómo puedo tener al alcance de la mano cualquier documento, cualquier nota… lo que sea que pueda necesitar. Y en ocasiones –cuando no tengo que debatir sobre ello insistentemente- disfruto viendo cómo algo tan simple y complejo a la vez como Facebook o Twitter, puede influir en el mundo que nos rodea y en la forma de comportarse de la gente.
    Lo que no soporto, aunque pueda parecer contradictorio –y quizás lo sea-, es ese “o conmigo o sin mi” que en ocasiones algunos se empeñan en imponer. Parece que si tenemos un i-algo automáticamente tenemos que renunciar al resto de cosas con las que hemos disfrutado hasta el momento: ¿y si, como dice Ana, a mi me sigue gustando hacer fotos con la cámara?; ¿y si parte del placer que siento al leer radica en el tacto del papel?; ¿y si me gusta mi vieja radio que lleva yendo conmigo al fútbol desde que tengo memoria? ¿De verdad es necesario renunciar a todo eso para poder apreciar y disfrutar de lo nuevo?
    No dudo que el Iphone pueda facilitar algunas tareas del día a día, no cuestiono que más de uno disfrute con el mundo que pone en sus manos ese aparato, pero me niego a aceptar que tenga que renunciar al resto de sensaciones –y cosas que me las provocan- simplemente porque sí, o porque -como dice Enrique- algunos publicistas así me lo sugieran.

  • Ruth
    17 Octubre, 2011 at 18:58

    Hola a tod@s

    Aunque un poco tarde, me incorporo al grupo que no tiene Iphone. Me ha encantado el monólogo y me reitero en no comprármelo. No es el único medio para estar en la nube, pero parece que si no tienes un Iphone no estás a la moda. Yo he decidido pasarme al Samsum por llevar la contraria. Lo siento por Appel pero estoy en una época rebelde.

    Pero como Enrique comenta la tecnología está ahí y por mucho que queramos no podemos dar la espalda al mundo en el que vivimos y trabajamos. Lo necesitamos porque nos lo han impuesto. Nos han hecho dependientes, así que tenemos que estar al día.

    Tecnología si pero yo decido con que marca, cuando y donde.

  • Ruth
    17 Octubre, 2011 at 19:09

    Me parece que hay demasiadas redes, y no se puede estar presente en todos sitios. Necesito tiempo para trabajar y no puedo estar todos los días pendiente de todas las redes.

    Creo que ahora los consumidores nos estamos volviendo selectivos, estamos presentes en aquellas redes que consideramos que son beneficiosas y prescindimos de las demás. La fiebre de las redes está pasando y está volviendo el sentido común.

  • Alfredo Muñoz
    18 Octubre, 2011 at 20:10

    Hola compañeros:
    “Yo no entiendo esta ansiedad que hay con los iPhones”……. Yo tampoco, sobre todo, porque la estoy sufiendo en carne propia!!! 🙂 En mi trabajo TODO el mundo tiene iPhone…imaginaos, una Business School llena de profesionales, profesores y alumnos con ganas de aprender y, por qué no decirlo, de enseñar sus cacharros. A veces nos sentamos a comer y no hablamos!! Bien es cierto que no todo el mundo tiene la misma dependencia y que algunos, incluso, afeamos la conducta a los “mudos”. A algunos, de verdad, sí se les puede aplicar la frase de McLuhan que cita Enrique: “Los efectos de la tecnología no se producen al nivel de las opiones o de los conceptos, sino que modifican sus índices sensoriales, o pautas de percepción, regularmente y sin encontrar resistencia”.
    Yo debo ser el único bobo de por aquí. Y, lo confieso, estoy planteándome “determinarme”, auto-amputarme partes de mi cuerpo (después de que crezcan, cual Alien) y sí, comprarme un iPhone!!
    Dice Enrique que “las tecnologías no son buenas ni malas, depende de lo que hagamos con ellas”. Me sumo. Hace poco estuve en Madrid. Para alguien de provincias, como yo, resultó demoledor el silencio que se percibía en el Metro, entre la gente. Y , ¿qué hacían? Exacto: escuchar sus músicas (que es casi como escucharse a uno mismo). ¿Necesidad de estar permanentemente conectados? No sé. Porque la desconexión con unos es demoledora para la conexión con otros, como escribe Elvira Lindo en este delicioso artículo que mandé a algunos de mis compañeros y que os recomiendo.

    http://www.elpais.com/articulo/opinion/quieras/elpepusocdgm/20111002elpdmgpan_1/Tes

    Abrazos…y seguimos conectados!! 🙂

  • J. Ignacio Martínez
    18 Octubre, 2011 at 23:33

    Hola amigos/as:

    Lo del Iphone es como el resto de la tecnología y todas las innovaciones que surgen, no son buenas ni malas en sí mismas, depende del uso que se les de.

    Yo tengo el iphone e intento dar un uso caso exclusivamente profesional, os asguro que a mi me ha facilitado bastante la vida en el trabajo. Lo malo de todo esto es o que anteriormente habéis comentado es estar enanchado al último modelo que hace lo mismo que al anterior, que sustituyamos el contacto personal por el cibernético, que no hagamos usos del Iphone sino que forme parte de nuestra vidas y que lloremos más si se nos pierde el iphone que si se nos pierde un hijo en el super, eso si es ya para preocuparse.

    Un abrazo.

  • J. Ignacio Martínez
    18 Octubre, 2011 at 23:35

    Otra cosa que se me pasó comentaros, una de las cosas que más me gusta es ir con la familia a pasear al campo, la playa o dende sea y dejar el Iphone en casa, es una sensación magnífica y una prueba de que aún soy libre y no me ha atrapado el teléfono. ¿La habéis probado? ¿Cuánto tiemo aguantamos si estar localizados? Haced la prueba. Yo he aguantado sin teléfono 6 días y me costó no os creais.

    Un abrazo.

  • Vanessa Villalba Miguel
    19 Octubre, 2011 at 16:48

    Sí, yo también soy culpable: Enfermé hace tiempo de tener iPhone, y más tarde adquirí un Mac y soy de las que se emocionó más cuando fue a NYC viendo la tienda Apple que la estatua de la libertad. Adquirí el móvil porque mi padre lo compró, luego mi madre…y así todos, el gusanillo recorrió la espalda de mi entorno hasta que practicamente muchos tenemos, y he de decir que no hay cura ni quiro que la haya, y ahora más con la actualización del software, con la llegada del iOS 5 que pule las taras que tenía el anterior.
    Y añadiría a la intervención de Alfredo Muñoz que en el metro de Londres comprobé que los jóvenes estaban absortos con el por entonces iPhone 3 (el 4 solo estaba en la publicidad y en los sueños de todos) y gente más mayor con libros que parecían estar en peligro de extinción. Se cambian unos “vicios” por otros.

    Además, en mi grupo de amigos fui la primera en tener iPhone y todos , hasta que consiguieron uno, me “robaban” el mío para “ver cómo era” y no precisamente para comprobar cómo se hablaba o se mandaban sms, que eso sus móviles ya lo hacían…

    • Cecilia Rodríguez
      26 Octubre, 2011 at 19:33

      Si! la verdad es que es una experiencia única, y apoyando este comentario no debemos olvidar que funcionamos a través de “lo bello entra por los ojos” (percepción visual) y que nos quedamos anonadados con el sistema háptico (pantallas táctiles e interactivas) porque es una novedad (lo fue en su día y lo sigue siendo porque aún utilizamos sistemas que no lo son)

  • Ana Guillén
    23 Octubre, 2011 at 14:03

    El primer cambio de la implantación de la telefonía es: el teléfono se ha convertido en un elemento vital de nuestra vida diaria, desplazando la convivencia interpersonal hacia un segundo plano. Somos dependientes del móvil y no sólo en el trabajo sino en la vida personal. Un ejemplo podría ser: todos los fines de semana, un grupo de senderistas de las islas hacemos una ruta diferente. La mayoría se deja el móvil en casa pero hay tres de cada grupo que están conectados por si hubiese algún incidente. La tecnología en un momento determinado es de vital importancia, aunque debemos tomar el control para hacer de la telefonía un beneficio en vez de un perjuicio. Pero, si es verdad, que somos conscientes que debemos desconectar. Es muy habitual, escuchar que para tener unas verdaderas vacaciones, hay que estar incomunicado, esto es producto de una sociedad condicionada por los sistemas de comunicación.

  • Ana Guillén
    23 Octubre, 2011 at 14:30

    Olvidé comentar; las personas que estamos continuamente vinculadas a la tecnología, por razones profesionales principalmente, valoramos cada momento que podemos prescindir de ella; sabemos que estamos inmersos en un mundo “virtual”, contactamos con nuestros clientes por email, organizamos un concierto de Sting y jamás hemos hablado en persona ni con él ni con su representante … siempre vía telefónica o vía email… realmente es para pensar… Pero creo, que lo importante aquí, es que somos conscientes… no ignoramos el alcance … es más, apreciamos el contacto físico cuando se da; ir a cenar con los amigos lo disfrutamos al máximo, como disfrutamos el contacto con la naturaleza, estar sin móvil, etc… En definitiva: “Uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde”. La sociedad actual consciente, busca alternativas, vidas más saludables, terapias para desconectar, etc.

  • Fernando Real Reyes
    24 Octubre, 2011 at 23:33

    Hola de nuevo.
    Pues chicos y chicas, yo la verdad es que viendo los comentarios, más que un debate lo que veo es que la mayoría nos ponemos de acuerdo en lo mismo.

    Que sí, que los cacharritos están muy bien, pero que en general nos hemos dado cuenta que la tecnología no nos va a hacer más felices. Y eso me recuerda al temario de teoría de la Comunicación. Aún recuerdo que al final, la rama crítica ya propone que” sí, sí, pero todo sigue igual”.

    Ahora nos lo pasamos mejor, eso sí que puede ser. Yo probé a estar 4 meses hace poco sin móvil y bueno, me perdí un par de salidas, quedadas y tal, pero no fue tan grave.

    Mirad, yo en su momento me tragué muchas conferencias sobre las maravillas de la sociedad de la información, me entusiasmaba, era un auténtico “creyente”.
    Años después, ahora leyendo lo que escribió Umberto Eco sobre, integrados y apocalípticos me sorprendo. Porque en cierto modo, con el tiempo he ido sufriendo un desencanto y me siento aludido. Será porque ahora estoy parado, ya no soy independiente y no tengo un duro. Pero ahora sí, un ordenador de la ostia sí que tengo. Y no es por tener cosas, no es eso…

    Tanto fue mi desencanto que hize un cómic sobre esto mismo. Está relacionado con el ambiente sórdido de “ciertas comunidades virtuales” pero se podría aplicar a muchos ámbitos. La verdad, nunca pensé que pudiera ser de utilidad para algo de la universidad…

    Os lo dejo, espero que os guste. Resume muy bien lo que pretendo decir. Ya no en cuanto al determinismo tecnológico, sino más bien a expresar que: “que sí, que sí, que todo está muy bien, pero seguimos con lo mismo de siempre, y peor y más pobres incluso”.

    Lo tenéis disponible en: http://www.lavondyss.net/01-ed&ed.jpg

    Un abrazo.-

  • Ana Guillén
    26 Octubre, 2011 at 0:15

    Como considera Echevarría, las nuevas redes telemáticas no sustituirán las relaciones sociales actuales, sino que las harán más complejas. Es lógico pensar que las relaciones sociales “convencionales” no desaparecerán. El individuo actual puede elegir el entorno de “socialización” según deseos o necesidades, haciendo de los dos entornos, medios compatibles. En este mismo sentido, considero que las nuevas formas de relación social no eliminarán las anteriores como propone Manuel Castells.

  • Cecilia Rodríguez
    26 Octubre, 2011 at 19:30

    Hola chicos y chicas, en este debate, al parecer, el iPhone es como los aparatos que colocan las consultoras para medir los rankings televisivos: saben qué es y para qué sirve, pero nadie nunca lo ha utilizado ni tiene uno en casa y para afirmar esta cuestión: “YO TAMPOCO TENGO UN iPHONE”.

    Partiendo de la base que estamos en la era de la comunicación y la información y que en la aldea global en la que vivimos adora aquellas tecnologías que las potencian, no es raro ver la adoración a Apple y a todas sus innovaciones. Esta compañía vino a crearnos una necesidad (la adicción a un entorno sublime) a través de la satisfacción de otra (la comunicación) por ello a la muerte de Steve Jobs la compañía no ha muerto con él, ha dejado la necesidad de consumo ¿perpetua?

    Pero este fenómeno no es único, este fenómeno se ha repetido generación tras generación desde el inicio de la humanidad, porque el comportamiento del ser humano es así: adora (moda) y cuando se aburre detracta (aborrece) trayendo consigo la pérdida de los valores esenciales pues su satisfacción se basa en lo pasajero. Por ello, en la economía de mercado existe tanta producción y en la tecnología tantas actualizaciones que, con la excusa de hacer mejoras en los productos (para evitar críticas anti consumistas) logran el efecto de mantener vivo el interés del consumidor.

  • Miguel Ángel Gallardo
    28 Octubre, 2011 at 8:13

    Desde el humor y la ironía del monólogo, desde sus exageradas y esperpénticas situaciones, se nos traslada la nueva realidad que la tecnología ha aportado a nuestras vidas. El iphone como icono de esta nueva realidad, es quizás el instrumento más adecuado para ejemplificarla. ¿ Vivimos en la cresta de la ola del determinismo tecnológico ?. Bajo mi punto de vista así es, ya que aunque tengamos o no iphone no podemos sustraernos a ese determinismo que inunda nuestro ocio, nuestro trabajo..
    No obstante tampoco debemos dejarnos arrastrar del todo por esa sensación. El iphone, Internet, las nuevas tecnologías no alienan ( nuestros “amigos iphone”no nos abandonan porque sí.. ) . Quisiera hacer mención de Castells, cuando dice : ” no es Internet lo que cambia el comportamiento, sino que es el comportamiento el que cambia Internet”.
    El determinismo tecnológico, la onmipresencia de los Iphone y demás dispositivos móviles, no van a hacer que de pronto mediante su uso, devengamos en seres extrovertidos y ultrasociales cuando no lo somos. El iphone que nos permite estar “enganchados” todo el día a Facebook, nos hará desarrollar esa capacidad de extroversión si ya la tenemos, pero pienso que en ningún caso genera cambios en la personalidad. Vamos, que nuestra amiga del monólogo, tendrá que buscarse otra excusa para explicar que ha dejado de tener amigos : ) .
    Quiero dejaros un enlace de una entrada en un blog, por supuesto no tan divertido, pero que habla también del horror de la pérdida, en este caso no de los amigos, sino del propio Iphone.
    http://www.usuariodeinternet.es/personal/historias-para-no-dormir-perder-un-iphone

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